domingo, 7 de marzo de 2010

LOS DIOSES BALCÁNICOS ESCUCHARON NUESTRAS PLEGARIAS

Después de escribir el artículo anterior, el sábado recibí la respuesta de los dioses balcánicos a los que tanto había rezado, no sólo me dieron una estación llena de nieve virgen y nadie que nos robara palas para estrenar, sino que además nos bendijeron con sol... No presté atención alguna al "Monte Negro de la lejanía" del que hablaba antes, estaba muy ocupada esquiando o mejor dicho, disfrutando y riendo con mis amigos mientras sólo alcanzábamos a decir: ¡My hair and legs are burning!
La Biblioteca Nacional de Sarajevo. Como todo buen día de esquí, empieza con una buena nevada...


Que bonitos se ven los Balcanes cuando hay luz y cielo azul.




Buenos momentos solo posibles después de un buen "paquetón". caer de boca, meter la cabeza 1 metro en la nieve, voltereta y ... risas! lo malo viene ahora: encontrar mi esquí.



Un caballero tomando el sol.




jejeje....




Caseta de salida para las pruebas femeninas en las Olimpiadas de 1984 en Jahorina.




Un fin de semana perfecto. El mejor desde que llegué a la ex Yugoslavia.

jueves, 4 de marzo de 2010

ESQUIANDO EN SARAJEVO

Loca, me llamaba la gente cuando les decía que sobre todas las cosas mis esquís vendrían conmigo a Bosnia. Parece ser que pocos recordaban los XIV Juegos Olímpicos de Invierno en 1984, precisamente aquí, en Sarajevo, y por mucha guerra, estaba segura que los locos del esquí de esta tierra que ahora ejerce de mi hogar, habrían hecho lo posible para volver al vicio que nos causa la nieve.

El primer día que subí a esquiar fue a Jahorina, donde se dieron las pruebas femeninas. Quedé asombrada con la belleza de estas montañas tan diferentes a los Pirineos, árboles por doquier y si hay suerte y nos sorprende un día de sol, dicen que se puede alcanzar a ver Monte Negro. Yo aún no he tenido esa suerte, de hecho ¡ni crema solar he necesitado! Ese cielo tan azul de la primavera pirenaica... aquí cuando se deja entrever el sol es motivo de fiesta (debe ser por eso que los españoles tenemos tanto jolgorio metido en el cuerpo). En cualquier caso, a ver si el sábado hay suerte y veo la lejanía... tengo fe en "El hombre de Jahorina" al que persigo todos los días preguntándole como es el tiempo más arriba de Pale, y que para este fin de semana me pronostica sol.


¿Pero como explicar un día de esquí en los Balcanes? Empieza como todos, madrugando para estar en pistas en cuanto abran remontes, y si se retrasan "Nema problema", la Montaña aquí como en todas partes, manda y dispone y si es su deseo que desayunemos como los bosnios mandan, así será, que después con su permiso...¡yo me voy a esquiar!



La nieve suele ser polvo, ligera, suelta y aunque fuera de pistas te llegue por la cadera, no es pesada ni húmeda. Es algo mágico en lo que te deslizas en silencio, entre árboles, sola con la montaña, disfrutando de una nieve que únicamente tienes aquellos días que los dioses deciden bendecirte por alguna razón desconocida, dejándote sin palabras ni respiración.


El problema está en abusar su bondad divina, si eso ocurre, es preciso ir con cien ojos, no vaya a ser que por el placer de esquiar sóla en compañía de tus amigos (duros donde los haya, todo sea dicho) te pierdas por sitios cerrados, sin aviso ni salida para el esquiador, llegando al punto en que el único recurso que te queda para volver a un lugar civilizado sean tus piernas que carguen con uno mismo, y los hombros para llevar los esquís. Pero como he dicho... "Nema problema". ¡Si hay que anda, se anda! Y se demuestra la fortaleza ibérica.



Aunque para duros y fuertes, los bosnios. Resulta algo normal encontrarse con un lugareño en lo alto de la estación de Bjelasnica, con los pocos dientes que le quedan negros, sin gafas, ni guantes, nevando a -10ºC más viento, es decir, la sensación térmica del infierno confelado, con vaqueros, unos esquís y botas que ya en las Olimpiadas del 84 estaban oxidadas, explicándote con su vozarrón particular y sonrisa bonachona que él es de un pueblo tirando to´parriba. ¡Eso son hombres!. Otra raza autóctona del lugar y momento son los grupos de latinoamericanos y andaluces tirados en medio de la pista, vestidos con uniforme militar español diciendo: "¡Me Ca** en la P***! ¡Ramírez! no ves como camina el teniente, con el culo en pompa, haz lo mismo ¡co**!".



¿Y los momentos en que no se esquía? Pues esos también son memorables ya sea en el restaurante de la viuda de Jahorina, comiendo kaimak con buñuelos de pan y vino caliente, o en Bjelasnica en EL restaurante de pistas, con chimenea en el centro, las sillas cubiertas de pieles, las paredes llenas de cornamentas y recuerdos de tiempos mejores, donde el dueño, en cuanto le dices tener un amigo en común, tarda un segundo en hacerte hueco en la mesa familiar y se mete entre fogones sin soltar el puro, a cocinarte la especialidad de la casa, sopa, pita y yogurt bosnio. Da gusto la hospitalidad de este país.


Terminando el día, son varias las opciones que a uno le quedan, vino caliente y rakia entre amigos, o irse de compras, pero dejando las tiendas convencionales a un lado, yo prefiero visitar aquellas "casetas" donde en la explanada que les precede puedes encontrar todos los esquís imaginables de las últimas 50 temporadas, auténticas reliquias para los amantes de las antigüedades.


Después solo queda volver a casa y descansar, o salir a disfrutar de la noche de Sarajevo, donde fiesta hay y mucha. Que nadie diga que los bosnios no saben divertirse, ¡Hasta han "importado" una DJ española! Si es que sabendonde buscar buena materia prima.

Así que, querido lector, esta es la Bosnia en la que vivo, supongo no se la esperaba así, otras son las imágenes que venden y se conocen en España. Pero las mías son estas y son las que quiero y pienso recordar cuando me toque marchar con mis esquís a otro lugar.