jueves, 6 de septiembre de 2012

MAD-GIG. Ronda IBERIA



Parece ser que de tanto escribir a unos y a otros, alguien debió pensar que que la única manera de que les dejara en paz, era publicandome algo, siendo los primeros en ceder a mi persistencia los de la revista RONDA IBERIA, que sacaron este artículo en el mes de agosto. Ahí os lo dejo, espero que os guste:







Las medallas del equipo español: 1 oro y 1 bronce. ¡Ole!


 ESQUIANDO EN LOS BALCANES



Ahí estaba yo,  primero de enero, en un aeropuerto perdido del centro de Europa, frente a una avioneta en la que (no se muy bien cómo) deberíamos entrar 19 bosnios (con el correspondiente tamaño de “armario empotrado”) todos mis enseres para sobrevivir 6 meses, entre los que se encontraba mi equipo de esquí, y yo; todo esto en medio de una perfecta tormenta de nieve. “No se preocupe” dijo el piloto “yo les pongo el concierto de año nuevo y ya verá que bien volamos a Sarajevo”. Sonreí ante el surrealismo de la situación y pensé que ese iba a ser un buen año.

Escuchando a la Filarmónica de Viena aterrizamos en Sarajevo y su invierno, que cerca la ciudad de la que nadie sale hasta primavera debido al mal tiempo y el estado de las carreteras; periodo en el que sus gentes solo pueden hacer una cosa: ESQUIAR.

El equipo español antes de bajar por donde ya lo hicieron nuestros olímpicos en las Olimpiadas de Sarajevo
Y así transcurrió mi invierno entre Jahorina (la estación bosnio-serbia) y Bjelasnica (en la zona bosniaca), hasta que llegó la primavera, el poco cuidado de las estaciones hizo que esquiar se convirtiera en una tortura para las tablas, pero aún quedaba el “acontecimiento social” por excelencia del año: ¡La Carrera de Fin de Temporada en Jahorina!. Allí fuimos un grupo de españoles como únicos representantes de la comunidad internacional, dispuestos a pasar un buen día y si era posible, ganar alguna medalla. La carrera resultó ser una fiesta entre amigos, con brindis antes y después de los descensos, trampas que todos reían mientras que uno de los organizadores las retransmitía a gritos con un megáfono, rifas y fiesta con carnes, quesos, rakia, cerveza y por supuesto, no podía faltar el cava español que había heredado de unos militares españoles que terminaron su misión y que reservaba para una ocasión especial.

Fue un gran día, pero una de las cosas que más me gustaron, fue cuando en medio de la fiesta se me acercaron dos borrachos, abrazados y cantando canciones imposibles de entender, se presentaron “aquí mi amigo es serbio, y yo musulmán ¿Y sabes qué? en la montaña todos somos hermanos y no hay luchas. Así es la montaña y así somos los que en ella vivimos. Debería ser igual en todo nuestro país” alzaron los vasos de rakia mientras yo hacia lo mismo con el cava y brindamos: ¡POR LA PAZ!


Refugio en el que se quedó nuestra bandera.
Carnes y Birras para la fiesta

Equipo y amigos después de un gran día









martes, 22 de mayo de 2012

¿QUÉ HACE UNA CHICA COMO TÚ, EN UN SITIO COMO ESTE?

A mi amigo Búfalo. Porque se que siempre
seguirá sufriendo cuando escuche mis viajes,
temiendo que en un futuro puedan protagonizar 
estas hazañas alguna de sus hijaS 



Curiosamente esa pregunta nunca me la ha hecho en un bar, un borracho conocido (que no alcohólico anónimo) para ligar conmigo, siempre ha sido de viaje.

La última vez fue en el aeropuerto de Argel, tras aterrizar en “Alger La Blanch”, en un 3-20 en el que sólo íbamos 10 mujeres, la mitad cubanas (imagino que dirigían a los campamentos de refugiados de Tindouf) y la otra mitad la componíamos la tripulación, una monja, que todavía me pregunto a qué iba y yo.

Alger La Blanche

En la cola de Pasaportes un hombre de más de cincuenta años intentó evitar el aburrimiento entablando una conversación conmigo:

-          “¿Qué eres, de REPSOL?”

Candidato necesita asesor de imagen ¿con gafas?
Me habían hecho mil veces esa pregunta desde que comencé los trámites del visado en un momento tan oportuno como el previo a unas elecciones en un país de dudosa democracia y justo cuando a Doña Cristina le había dado por quedarse con YPF.

-          “¡Uy no! ¡Que va! Vengo de viaje.”

Contesté con una sonrisa como si de Disney Landia se tratase. Inmediatamente frunció el ceño, miró al techo (seguramente acordándome de mis padres o de su hija) ya sabía lo que me iba a decir… lo que más de una vez me han preguntado mosqueado, hombres que lejos de ligar conmigo, les enfadaba casi sin conocerme, y soltó la mítica frase entre gruñidos:

-          “¡¡¡Se puede saber que hace una chica como tu en un sitio como este!!!”

No me dejó contestar, tomó la postura de padre responsable y continuó con su bronca y aspavientos, dándome su tarjeta, preguntándome si tenía la dirección y el teléfono de la Embajada de España y ofreciéndose para llevarme a donde quiera que tuviera que ir, porque según él: “¿Cómo me iba a dejar ahí sola?”. Al final, le convencí de que no pasaba nada, que llegarían a por mí, y que si no, ya me las arreglaría.

Refunfuñando ante la posibilidad de tener que ocuparse de una joven inconsciente como yo, en el caso de que me metiera en líos, aceptó dejarme sola, no sin antes decirme quien era el jefe de tierra de IBERIA, por si tenía problemas.


Yo no se como lo hago, pero más de una vez me he encontrado con este tipo de hombres en mis viajes, todos tienen el mismo perfil: más de 50 años, formados, responsables y con una hija en alguna parte del mundo “civilizado” a la que no les gustaría ver sola en algún aeropuerto o estación de África. Siempre se enfadan conmigo antes de conocerme, y yo, la verdad, lo agradezco.


Este hombre de Argel, al que por cierto, no necesité volver a llamar, me recordó a un oficial de Canadá al que conocí en el aeropuerto de Douala al que llegué con demasiadas cajas de leche en polvo para un orfanato. Cuando vi que no había nadie que viniera a por mi, las junté y me senté encima de ellas y me puse a leer mientras esperaba a… “alguien”, no se muy bien a quien, me habían dicho en Madrid que alguien aparecería.

Entonces se me acercó, serio, firme y se presentó como el “Capitán Smith” (yo en mi pavo particular, me acordé del Capitán Smith de Pocahontas) e inmediatamente la pregunta:

-          “¿Se puede saber que hace una chica como tú en un sitio como este?”

Yo le contesté que estaba esperando al contacto que teníamos aquí para que me llevara a un pueblo (que debo confesar, ni sabía donde estaba) para dejar las cajas de leche en polvo. Al hombre se le encendieron los ojos:

-          “¿Pero tu sabes donde estás?”
-          “Si claro, en Douala… ¡Ay no me diga que me he equivocado de avión y estoy en Yaundé!”
Carreteras de Camerún

El pobre Capitán Smith no apreció mi broma y siguió refunfuñando, con menos aspavientos que el español de Argel, pero con la misma cara de preocupación. Hasta que sin que yo dijera nada, me ordenó que cogiera mis cajas (no se muy bien cómo, pues el espectáculo que había dado al trasladarlas desde la cinta de equipaje había provocado la risa de más de uno), y me fuera con él, que conocía el sitio y que no pensaba dejarme sola ahí. Yo se lo agradecí de nuevo, pero me negué, este hombre parecía buena gente y preocupado, pero tampoco sabía nada de él, y la verdad… es que yo en los aeropuertos siempre me siento como en casa. Así que nos despedimos, no sin antes anotar su teléfono y jurarle como así me hizo hacer, que le llamara ante cualquier problema y si no los tenía, cuando estuviera “sana y salva”.


Y así hice, para decirle que había llegado bien y donde estaba, resultando ser un orfanato que él conocía y con el que tenía algún proyecto.


Pero al que siempre recordaré con más cariño, fue al que más enfadamos (dos amigas mías colombianas y yo). Aquel jubilado marroquí que había sido intérprete en Naciones Unidas si que nos salvó de un buen susto.

Al mal tiempo... ¡carcajada!
Estábamos en la estación de trenes de Fez, a media noche salíamos para Tánger, y dado que viajábamos de "mochileras" con poco dinero, habíamos tomado la “sucia” costumbre (digo sucia porque no vimos una ducha en varios días y nuestro olor era bastante… asqueroso) de viajar de noche para no pagar hotel.

Nos subimos en primera y mientras buscábamos nuestro compartimento, nos íbamos inquietando; ahí sólo había hombres que se quitaban las camisetas y gritaban a nuestro paso como diciendo: “¡CHICOS! ¡CARNE FRESCA!” mirándonos con ojos un tanto lujuriosos. Nosotras, intentando quitarle hierro al asunto nos decíamos que con la peste que traíamos no habría valiente que se nos acercase (a pesar de que la más viajada de nosotras estaba más elegante que salida de una boutique de París). Por fin entramos en el compartimento, ¡no había nadie! Menos mal. Y mientras colocábamos las cosas se abrió la puerta y vimos a un hombre canoso:

“¿¿¿¡¡¡ SE PUEDE SABER QUE HACEN 3 CHICAS COMO VOSOTRAS EN UN SITIO COMO ESTE!!!???; ¡¡¡ ME HABEIS FASTIDIADO EL VIAJE!!!”

Yo le intenté explicar que éramos unas viajeras que… no hubo manera, me interrumpió a gritos, no quería escucharme, su sitio era el de la ventana, pero nos ordenó que nos pusiéramos ahí, lejos de la puerta, que él ya vigilaba. Entonces se volvió a abrir esta, dándole en las narices y un hombre joven entró con una sonrisa pensando que le había tocado la lotería. No le dio tiempo a decirnos ninguna guarrada cuando el jubilado cerró la puerta de golpe detrás de él, y le empezó a gritar. Yo no entendía nada, pero deduzco que era algo así como: “Tu te sientas ahí, frente a mi. Y como se te ocurra moverte, te corto el cuello ¿entendido? ¡no te voy a quitar el ojo de encima!”

El chico joven se sentó, callado y serio "acongojaito" estaba, ni movió un músculo en todo el viaje, ante la severa mirada de aquel hombre al que bautizamos como “santo protector”. Que pasó todo el viaje sin dormir, aguantando nuestros olores y vigilando al “figura” que tenía delante para que no se sobrepasara con nosotras.

Cuando llegamos a Tánger ni se despidió, seguía enfadado. Cerró la puerta de golpe mientras gritaba: “¡¡¡ESTO NO SE LE HACE A UN PADRE!!!”


Yo creo que con los años, encontraré menos caballeros a los que enfade por encontrarse a una “chiquilla” sola en un sitio que ellos consideran que no debería estar, o puede que esto sea ya algo que me pase siempre en mis viajes de ahora en adelante, y siempre me encuentre alguno.

Pero lo que si es cierto, es que yo, agradezco todos estos enfados y preocupaciones, pues si bien es verdad que a veces me parecen excesivos, otras muchas no lo son y además, recuperan la “esencia de viajar” en este mundo tan contaminado por el turismo.




sábado, 7 de enero de 2012

MONTAÑEROS DE "ALAS DE LA SONRISA"

“Alas de la Esperanza” si, ¡cuando sea! “Alas de la Sonrisa”… no me veía capaz, pero había decidido que quería hacerlo, quería participar en esa jornada en Ocaña en que acompañaríamos a unos niños a montar en globo, a ver si conseguíamos que, al menos por un día, tanto ellos como sus familiares olvidaran “el problema”, haciendo una de las cosas mas bonitas que se pueden hacer: VOLAR.

Pero nada mas llegar y ver a los niños con sus familias, me eché para atrás, había tristes recuerdos que volvían a mi mente y… no podía. Así que en cuanto alguien pidió ayuda para volver a los coches para coger unas gorras, lo vi claro, “¡me voy!”

Abrí mi maletero y mientras sacábamos las cajas se cayeron unos calcetines sucios del fin de semana anterior, me había ido con un amigo a subir una montaña después de todo el verano sin entrenar. ¡Gran idea la mía! Había sido tan inconsciente y bruta de no dudar cuando me propuso la ascensión, y claro está que la falta de preparación se notó y llegado un momento, me senté en una roca y dije que no podía más.

Momento "NO PUEDO MÁS"

Juraría que me atizó con un palo, aunque estaba tan cansada que ni me acuerdo, mientras me decía que le diera al botón.

“¿¿¿¿PERO DE QUÉ “BOTÓN” ME HABLAS????”

Él me explicó que hay veces en la vida que no podemos más, como me pasaba a mi en ese momento, pero que todos tenemos un botón de… “un par de h&%*@#” (si me permiten la expresión). Esos mismos que echamos a la vida cuando creemos que no podemos, pero tenemos que seguir. Así que ya estaba dándole al botón para seguir subiendo, porque él no pensaba llegar si no era conmigo. Así que, le hice caso, y le di al botón.

Trás darle al botón de "un par de h&%*@#", LO CONSEGUIMOS

Entonces, mientras recogía los calcetines y pensaba en esto, se me cayó la cara de vergüenza ¿Quién era yo para decir que no podía cuando esos niños y esas familias están dando todos los días al DICHOSO BOTÓN?

Así que agarré las cajas, me di media vuelta y volví para pasar una de las tardes más bonitas de otoño que uno pueda imaginar, riendo, jugando, contando chistes, respirando un aire demasiado movido como para volar, cosa que no conseguimos, pero lo suficientemente limpio y cálido como para disfrutarlo.

Cuando me di cuenta nos estábamos despidiendo, ya había terminado la tarde, ¡Que gran tarde! Aún me pregunto por qué nos dieron las gracias, cuando las agradecidas éramos nosotras por tener la suerte de compartir un rato con los mejores y más duros montañeros que nadie puede imaginar. GRACIAS.


sábado, 29 de octubre de 2011

Un machete, Margarita y dos denuncias.


Ya habían estado allí, es un sitio diferente a cualquier otro conocido, en el que solamente los lugareños pueden vivir en él eternamente sin volverse locos. Hay quien lo bautiza como Paraíso, y la verdad es que se parece bastante, pero supongo que la naturaleza humana, humana-civilizada, por raro que parezca, no está preparada para pasar allí demasiado tiempo.
Algunos lo intenta, aterrizan en esa tierra de playas vírgenes, palmeras y monos, predican a los cuatro vientos la pura vida del lugar, lo inhabitable que es el mal calificado como primer mundo, y deciden fumarse aquello que las plantas les ofrecen, quemarse al sol, sin ser conscientes que en unos años solicitarán como Derecho propio la cama de hospital en aquel renegado primer mundo donde esperarán curarse de los males adquiridos en esa vida “natural”, que no era la suya, y que les llevó a donde ahora pasarán los últimos años de su vida, encontrando una muerte prematura por no haber usado la cabeza cuando la tenían antes de perderla.
Pero esa tierra tan bella, exótica y tropical tiene sus maravillas y milagros pues es el lugar perfecto para procrear, la fecundidad del lugar penetra en los cuerpos que en ella se aman y da vida a unos niños multicolores, sanos y fuertes, afortunados por pasar sus primeros años en un lugar tan bello, que tarde o temprano deberán abandonar.
Ahí es donde sitúo esta historia. Ese era el lugar al que decidieron regresar para volver a encontrase después de dos años. No había otro mejor ni peor, era ese, y ellas ya no éramos las mismas, eran mejores.
Fueron las infantas las que llegaron primero a esas costas bañadas por el mar Caribe, ocupando su tiempo en lecturas, bicicletas, soles y baños. Siempre buscando lugares deshabitados donde crear "su reino”, y así llegaron a esa curva de la playa, fuera del alcance de la vista humana, abrieron sus libros, cuando apareció de la selva un hombre con botas de agua, un machete oxidado y una máscara terrorífica como Hannibal Lecter en El Silencio de los corderos: “¡Dios que horror! ¿Se puede saber que piensa robándonos con esa máscara? Seguro que tengo pesadillas…”
Se levantaron de un brinco en el que a una se le cayó medio bikini, el mediocre imitador del Señor Lecter jamás se vio en una igual: “Que frescas son estas gringas!” debió pensar mientras escondía una sonrisa maliciosa bajo la máscara y hacía la petición en inglés:
“Good morning Ladies! Money Money!”
“Good morning Ladies??? ¿Pero usted quien se ha creído que somos ¡gringas!? Pues no le entendemos, a nosotras en español que es lo que se habla aquí”
Ante la locura de las atracadas (recordad lo que decía al principio de esta tierra, que vuelve loco a cualquiera) el hombre optó por agarrar el bolso y salir corriendo, sin plantearse ningún roce carnal con aquella pareja de infantas, raras y locas, pues durante el atraco una había optado por enseñarle un pecho y recriminarle por el uso del inglés (no entendía nada, ¿no es materia obligatoria en la escuela?), mientras la otra le hacía caso omiso ocupada en terminar la lectura en la que estaba inmersa.
“¡Así no se puede trabajar!” Se dio media vuelta y desapareció en la selva.
Una vez que la infanta lectora terminó su libro, fueron a la comisaría del pueblo mas cercano, sabían que no recuperarían lo robado, pero tampoco tenían nada mejor que hacer. Una caseta con vistas al mar, dos policías sentados en sendas mecedoras, y un tercero intentando calmar a un gringo (este de verdad) que gritaba mientras se clavaba un machete en el cuello, eso es lo que encontraron.
“¡Le mato! ¡Le mato! A Margarita le mato”. Era un norteamericano, aquel que amenazaba con el asesinato. Unos cincuenta años, con la piel llena de tatuajes quemada por el sol, y pendientes en los lugares menos recomendables. Uno de aquellos que por quedarse en el Paraíso, creyéndolo propio, habían perdido la cabeza y algunos dientes, todo sea dicho.
El policía, calmado con su buena vida le intentaba tranquilizar: “Pero a ver, si Margarita se le acerca, aléjese ¿no es consciente que esa negra no le hará bien?”.
“¡¡¡Pero es ella quien tiene la orden de alejamiento!!! Not me, ¿por qué debo alejarme? ¡¡¡LE mato!!! Le juro que le mato, ¡she is drivingme crazy!”.
El policía, viendo la oportunidad de librarse de esa loca que atormentaba al pueblo incitó al pobre loco al crimen: “mire usted, si mata a Margarita le caerán 20 años, sinceramente, no me parece mucho teniendo en cuenta que todos nos quedaríamos en paz sin ella, así que hágalo, yo me encargo del papeleo”
En ese momento en el que estaban las infantas inmersas en los acontecimientos, les llamó otro policía para escribir la denuncia. Ya podría haberse esperado, pues nada conseguirian con ella y se quedaron sin saber el desenlace de la historia de Margarita.
Así que ahí estaban, intentando poner una denuncia que tuvieron que repetir, pues cuando finalizó de escribir, les preguntó que estudiaban contestando las dos al unísono: “No estudiamos. Somos además de infantas, abogadas”.
El policía arrancó la hoja que tiró a la basura mientras empezaba de cero: “¡Uy! ¡Que pena! Disculpen ustedes, entonces lo haremos otra vez, y bien, ya que ustedes de esto saben.”
Y con esas se fueron: dos infantas, dos bicicletas y dos denuncias, pues no consiguieron ponerse de acuerdo con el color de la camiseta del ratero; en una el ladrón la tenía roja, en la otra azul. No hace falta decir que no recuperaron nada, que recriminaron la poca valía de el cinturón negro de una, y que hay quien inmersa en la locura de llevar mas de 30 años en esa tierra juró, que si a ella le pasara, daría la vida por lo robado.
Ellas optaron por quedarse con sus vidas aún a falta de sus pertenencias, no merece la pena perderlas, ya que en tal caso, con ellas se irían todas esas situaciones rocambolescas que tanto divierten a infantas y plebeyos, además… uno nunca sabe lo que le espera, hay que seguir vivo y cuerdo para disfrutar de ello. Mientras tanto, a vivir la espera, que como dice el regalo que me hizo un amigo:
"THE IDEA OF WAITING FOR SOMETHING MAKES IT MORE EXCITING!"

miércoles, 1 de diciembre de 2010

AL PAN, PAN Y AL VINO... ¡¡¡COMO LOCOS!!!

Alguien me dijo una vez, que beber vino es pecado. Pecado… ¡Pecado es comer un cocido madrileño sin vino! Además, si mal no recuerdo, en la última cena no brindaron con agua precisamente, ni con Coca Cola son las Misas.
Pecado puede ser lo que te lleva a hacer el consumo excesivo del tinto, el blanco o el rosado, además de ilegal, peligroso o indecente. Son muchas las historias que me han contado sobre las consecuencias de su bebida descontrolada; ya sean protagonizadas por algún peregrino a Santiago que a pesar de ser un soltero empedernido, no dudó en sentarse en medio del puente de Puente la Reina a gritar que hasta que su novia no le quisiera no pasaba nadie (lo que él terminó pasando, es la noche en el cuartelillo de la Guardia Civil), o por un miembro del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que como les suele ocurrir a alguno de sus paisanos, no supo beber y terminó inconsciente en un taxi tras inutilizar el baño del apartamento de ciertos estudiantes españoles en Georgetown durante una competición de tapas españolas.
Pero dejemos de dispersarnos con las consecuencias, para centrarnos en lo que el vino ES en si: bebida para unos, alimento para otros y parte indispensable de nuestra historia y nuestra cultura gastronómica actual, admirada en el mundo entero. Es una de las grandes herencias que junto con las calzadas, el latín y el Derecho, no dudaron en dejar los romanos por todo su imperio y en particular en nuestra península.
La costumbre de alzar la copa mientras nos miramos a los ojos antes de beber, un acto tan mecánico y usado por todos, no deja de ser un saludo a los dioses antes de beber el elixir de Dionisio, hijo de Zeus para los griegos, o de Baco, hijo de Júpiter para los romanos.
Ni siquiera los habitantes de una pequeña aldea de la Galia, los únicos capaces de resistir al invasor a pesar de estar rodeada por fortificaciones romanas, se resistieron al vino de Burdigala, de Grecia, de las montañas de Helvecia, de las tierras escandinavas, o a degustarlo en cantidades desmesuradas en sus famosos banquetes de la aldea o en casas de otros, como en la de Homeopatix.

Con la caída del Imperio romano y la llegada de los bárbaros, el cultivo del vino disminuyo notablemente, siendo los monjes cristianos, quienes se encargaron no sólo de que no se perdiera el elixir de los dioses paganos convertido en sangre del Dios Cristiano, sino que además se mejorara, siendo el objetivo final su uso en la Comunión.
Superada esta etapa, a partir del siglo XII el vino recuperó su popularidad, sobretodo en Francia. Pero el buen vino no dejó de ser luchador (que no peleón, eso es para el malo) en Europa, enfrentándose a varias plagas, destacando como la peor la Filoxera en 1863. Con su origen en América afectó a todo el Viejo Continente. Pero precisamente fue dónde nació la plaga de dónde salió también el remedio, esos viñedos creados por religiosos españoles facilitaron la salvación del vino europeo, con una técnica que no era otra más que injertar viníferas sobre pies americanos. De ahí que muchos californianos presuman que los mejores vinos europeos tienen su origen en el Nuevo Mundo.
Bonita historia la de una bebida tan noble y tan nuestra, indispensable en la gastronomía española. Por ello ¿Por qué no hacer una cata de vinos? Así dar a conocer una bebida tan fundamental en las mesas ibéricas, aquellas en las que siempre entran dos más y se disfruta degustando, saboreando y debatiendo en buena compañía, con la familia, amigos o por trabajo. En ellas nunca falta el vino tinto, blanco o rosado, que acompaña las comidas y baña esas eternas sobremesas. Esas mesas donde siempre, da igual el motivo, se eleva la copa al cielo, donde Baco nos mira sonriéndose recordando que fue él, el primero en saber que con vino, cualquier reunión siempre es mejor.
THE INSIDER

viernes, 23 de julio de 2010

SARAJEVO. Bosnia y Herzegovina


Era principios de Enero cuando llegué a Bosnia. El segundo día de Reyes consecutivo que pasaba fuera de España y por lo tanto sin regalos ni roscón. Cual fue mi sorpresa al encontrarme con Sus Majestades que de vuelta a Oriente hicieron una parada en los Balcanes. Como pueden ver, Baltasar es un sustituto, ya que el Rey Negro decidió visitar a los españoles que se encontraban de maniobras, mientras sus compañeros se quedaron en un orfanato de Sarajevo. Gracias por el Roscón y el chocolate.


Llegue de noche a mi casa en Sarajevo, a la mañana siguiente miré por la ventana y vi ¡NIEVE! en la colina que había frente a mi. ¿Como era posible sólo ahi?. Cuando me fijé mejor, me di cuenta que no era nieve, era un inmenso cementerio musulmán, una de tantas consecuencias de la guerra.



El invierno en Sarajevo lo deja todo de un color blanco-mágico que sólo da la nieve. A pesar de la belleza de una ciudad nevada, la vida se complica, los coches aparcan en las aceras y los peatones intentamos andar por la calle, pero lo que más sorprende es que las jóvenes del lugar van... ¡¡¡con tacones!!!. Que nadie intente imitarlas, sólo las bosnias pueden.



FROM SPAIN TO BOSNIA: Huellas hispanas por los bares y restaurantes de Sarajevo...




Marsala Tita: Llega la primavera y la gente sale a la calle que se llena de cafés en terrazas y niños jugando en las cuestas.




Con el buen tiempo un amigo mimo chileno sale a la escena de Marsala Tita con con una de las profesiones más bellas. Si le preguntas cual es su trabajo, él lo deja bien claro... SONREIR.

viernes, 9 de julio de 2010

MOSTAR. Bosnia y Herzegovina


Plaza de España en Mostar: Monumento a los Soldados Españoles Caidos desde el 2002 fecha en que llegamos hasta nuestra partida en el 2010 con la satisfacción del deber cumplido. Un pequeño homenaje a ellos y a sus compañeros que tanto han hecho por la PAZ y reconstrucción en estas tierras.


El puente de Mostar "Stari Most" que da nombre a la ciudad. se vuelve a alzar sobre las azules aguas del Neretva. Situado en la zona musulmana de la ciudad, fue destruido durante la guerra el 9 de noviembre de 1993, tras casi 100 disparos de mortero desde una de las montañas que rodean la ciudad por tropas croatas.
No tenía ninguna importancia estratégica, pero si simbólica, unión entre musulmanes y cristianos. Simbolismo que buscaba la UNESCO al reconstruirlo 11 años después, pero el odio de la guerra tristemente sigue vivo, y hay jóvenes bosnio-croatas que viviendo en Mostar, no han visto nunca el puente por no pasar al "otro lado".


Vista de Mostar desde donde dispararón contra el puente. A fecha de hoy la montaña sigue minada y una cruz visible desde cualquier punto de la ciudad ha sido construida en lo alto.