jueves, 26 de noviembre de 2009

MATERNIDADES

“La relación entre una madre y su hijo pertenece a este universo inmaterial, privado e íntimo capaz de sobrevivir a cualquier situación por muy mal que se pongan las cosas” Bru Rovira. Fotografo.

En una pequeña sala del Caixa Forum en pleno Paseo del Prado me encontré con una Oda a las madres, un sentido reconocimiento a la protección y el amor de ellas a sus hijos. Eran una serie de fotografías con sus correspondientes relatos, de madres de Angola, Serbia, India, Ruanda, Senegal, Guatemala… la mayoría en situaciones de crisis humanitaria, pero esas fotos estaban llenas de cariño y belleza entre tanta guerra, miseria o enfermedad, en las que aparecían gestos de amor por los que todavía vale la pena vivir y luchar.

La mujer en general y las madres en particular, pertenecen junto a los niños, a dos “grupos humanos” que son siempre los más amenazados y vulnerables; y no hace falta que diga que cuando estas mujeres son niñas la vulneración es doble.

La fotografía de Baltasar, nos cuenta esa vulnerabilidad desde un hospital de campaña de Médicos Sin Fronteras, en la selva congoleña de Teturi: “Baltasar pasó varias semanas escondido en la selva junto a su madre y cuando llegó al hospital padecía una desnutrición severa. Parecía imposible que lograra sobrevivir, pero lo consiguió”.

Es precisamente por la relación que mantienen las madres con sus hijos, por las que son consideradas como importante objetivo de ataque en los conflictos, sobretodo cuando se trata de limpiezas étnicas, ya que ellas son las protectoras de la cultura, las raices y tradición de los pueblos. Si se quiere acabar con una comunidad la solución más rápida es dirigir el ataque a las mujeres.

Durante el conflicto armado de Guatemala se informó sobre 42.275 violaciones de Derechos Humanos, de las cuales un 2,38% fueron violaciones sexuales tanto a mujeres como a niñas (1.465 casos), en su mayoría al pueblo maya, en forma de limpieza étnica. Las violaciones no solo era una forma de tortura contra las mujeres sino que además iba dirigida deliberadamente a la comunidad maya, pues suponían un instrumento de tortura; las mujeres eran violadas muchas veces con intención de sembrar el terror entre sus comunidades, a través de violaciones “públicas”, delante de sus familiares, o se les ponía en conocimiento de lo que les sucedía a sus mujeres para de este modo, destruir la voluntad de los hombres, hacerles sentir culpables, humillados, impotentes, derrotados; la violación hacia las mujeres, es una “guerra psicológica” hacia sus hombres.

Otro caso a destacar, es el del genocidio de Ruanda, donde la mayoría de las mujeres mayores de 12 años fueron violadas. Como dato clave decir que en 100 días se violaron más de 250.000 mujeres.

Dos años después del genocidio de 1994, Bru Rovira tomo esta fotografía: “Nacido en la carretera” de la que nos dice que “el niño que viaja a la espalda de su madre todavía no ha conocido un hogar. Su madre lo parió en la cuneta de una carretera durante uno de los numerosos desplazamientos siempre huyendo de algo. No tiene ni casa, ni país. Pero parece que se siente bastante a gusto adosado a mamá”.
Un conflicto lamentablemente destacable, es el de la ex Yugoslavia; Como consecuencia de la limpieza étnica que llevaron a cabo los serbios, se dieron violaciones sexuales, ataques directos a la capacidad reproductora de las bosniacas y fecundaciones deliberadas como manera de limpieza étnica. En Bosnia más de 20.000 mujeres sufrieron abusos sexuales.

De la guerra de los Balcanes Bru Rovira nos muestra una foto del otro bando, “La habitación vacía de Milicia”, tomada poco más de un año después de que la niña de 3 años Milicia falleciera como consecuencia de los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado del 17 de abril de 1999. nos cuenta la historia de la hija, la madre y la abuela que salen en la foto “La abuela Lena hubiera querido que el parto hubiera coincidido con la fecha del 17 de abril, pero Alexandra se retrasó cuatro días. Ahora la niña ocupa la habitación vacía de Milicia y Dusica, la mamá, ha dejado de tomar los antidepresivos”
A raíz de Ruanda y la ex Yugoslavia, se crearon en Naciones Unidas los tribunales penales internacionales ad-hoc con la intención de juzgar dichos crímenes; a pesar de ser calificados como específicos hubo grandes avances que hicieron posible en el 2002 que mas de 60 países ratificaran el Estatuto de Roma donde se reconocieron violencia sexual y género como crímenes al mismo nivel que el homicidio, la tortura, los tratos crueles, la mutilación y la esclavitud.

Por lo que se puede decir ahora, que todos estos actos de violencia contra las mujeres durante los conflictos armados son considerados como una trasgresión del Derecho Internacional Humanitario, y al suceder a gran escala o política organizada de Estado, como fue en los casos de Guatemala, Ruanada o la Ex Yugoslavia, hace que se reconozcan como crímenes contra la humanidad.


Tampoco debemos olvidar la situación en los campos de refugiados y desplazados, donde tanto mujeres como niñas siguen siendo vulnerables de sufrir violaciones sexuales. Organismos como el ACNUR, proponen medidas para evitarlas, además de la necesidad de incluir programas psico-sociales para las mujeres y niños que han sufrido mayores traumas. Como por ejemplo en Bosnia y Herzegovina se crearon programas como “Bosfam” y “Bospo”, en los que se daba apoyo a las mujeres que habían sufrido algún tipo de abuso sexual, siendo de gran ayuda incluir a las personas de su entorno en estos programas, para el progreso de las mujeres violadas, la comprensión de las comunidades y de esta manera facilitar su recuperación y reintegración.

Precisamente del campo de refugiados de Kuito, en Angola, toma Bru Rovira la fotografía que inicia su libro de la que dice “Ella y su bebé jugando. Comiéndose a besos (…) Saqué la cámara y enfoqué la escena. Pensé: por muy mal que vayan las cosas, siempre podrás encontrar dentro de ti un atisbo de belleza al que agarrarte. Apreté el disparador”


Tras analizar alguno de los muchísimos problemas a los que se enfrentan las mujeres “en conflicto”, me resulta mas bella esta exposición que muestra la fuerza de estas madres, pues es en ellas, A PESAR de lo vivido, sobre las que recae la salvaguarda de sus hijos desde que se encuentran en su vientre, a veces están solas, muchas son víctimas de violaciones, a otras no les queda nada escepto lo que más quieren: sus hijos.



No podía faltar la Tonita de San Carlos, la madre de todos los Sancarleños. Una mujer entrañable.




Revista THE INSIDER

martes, 17 de noviembre de 2009

RECUERDOS EN LAS CALLES DEL OLVIDO

Hace años que pasó la movida madrileña pero por las noches entre las calles de Malasaña, continúa viva y se puede escuchar.

“La chica de ayer” no hay día que no cierra el Penta, e Isaac sigue mirando por la mirilla de la puerta del Leidy Pepa, para ver al degenerado que llega a comer espaguetis radioactivos o un buen plato de callos a la madrileña a esas horas indecentes de la noche en que cierran los bares y el hambre acecha.

¿Qué decir del Penta que no haya sido cantado ya? En sus paredes se puede leer historia que suena por los altavoces mientras las nuevas generaciones de madrileños escuchamos las mismas canciones que enamoraron a nuestros padres: Los Secretos, Hombres G, Mamá, Mecano, Nacha Pop, Sabina y Alaska, comparten noche con Fito, Lokillo, Los Mojinos Escocios y Los Rodríguez. Pero siempre para terminar el clásico de Antonio Vega que recuerda como por la noche iba a eses mismo bar para escuchar canciones que consigan que te pueda amar.

De este modo Antonio nos abre las puertas y la calle de La Palma se llena de gente, que ríen, se abrazan, algunos quieren retirarse y otros seguir de farra.

Los chinos aparecen con sus bocadillos, pero algunos preferimos los platos de siempre, acompañados de borrachos tocando el piano o la guitarra, recordando como nos dieron las diez y las once… gritando un déjame, no juegues más conmigo… o aclarando que como nosotros el amigo Blanco Herrera no estaba muerto no, no, pues estaba tomando cañas! No es otra cosa que la banda sonora de nuestras vidas.

Allí entre San Lorenzo y San Mateo llamamos al timbre de un Teatro Café Bar cerrado. Se asoma por el ventanuco un bigote canoso unido a unas gafas grasientas de culo de botella (seguro que bebida por él) te miran examinando tu estado etílico, se vuelve a cerrar la apertura y se abre la puerta. Ahí tenemos a Isaac, que te recibe siempre con los brazos abiertos preguntando si hay hambre.

Poco tarda en llegar la cerveza y los espaguetis, mientras alguien se arranca por bulerías ante los gritos de Isaac para que no se suba la voz y las exclamaciones de la camarera que mientras se lleva las manos a la cabeza le pide al cielo no tener jamás hijos como los individuos que tiene delante.

Parece que tenemos un pacto con el sol, para salir de aquella bodega al mismo tiempo que él se alza, y con los primeros rayos del alba, discutimos en medio de la calle Espíritu Santo, en que portal encontraron al Gran Enrique Urquijo aquella noche que el caballo se lo llevo.

Al no recordar cual era nos abrazamos en medio de la calle mientras cantamos alguno de sus himnos hasta que alguna vieja sale por la ventana dando gritos y tirándonos barreños de agua que nos recuerdan que la noche ha terminado, que los bares han cerrado y que fue en ese mismo lugar cuando hace hoy 10 años, Enrique… nos dejó.