jueves, 26 de noviembre de 2009

MATERNIDADES

“La relación entre una madre y su hijo pertenece a este universo inmaterial, privado e íntimo capaz de sobrevivir a cualquier situación por muy mal que se pongan las cosas” Bru Rovira. Fotografo.

En una pequeña sala del Caixa Forum en pleno Paseo del Prado me encontré con una Oda a las madres, un sentido reconocimiento a la protección y el amor de ellas a sus hijos. Eran una serie de fotografías con sus correspondientes relatos, de madres de Angola, Serbia, India, Ruanda, Senegal, Guatemala… la mayoría en situaciones de crisis humanitaria, pero esas fotos estaban llenas de cariño y belleza entre tanta guerra, miseria o enfermedad, en las que aparecían gestos de amor por los que todavía vale la pena vivir y luchar.

La mujer en general y las madres en particular, pertenecen junto a los niños, a dos “grupos humanos” que son siempre los más amenazados y vulnerables; y no hace falta que diga que cuando estas mujeres son niñas la vulneración es doble.

La fotografía de Baltasar, nos cuenta esa vulnerabilidad desde un hospital de campaña de Médicos Sin Fronteras, en la selva congoleña de Teturi: “Baltasar pasó varias semanas escondido en la selva junto a su madre y cuando llegó al hospital padecía una desnutrición severa. Parecía imposible que lograra sobrevivir, pero lo consiguió”.

Es precisamente por la relación que mantienen las madres con sus hijos, por las que son consideradas como importante objetivo de ataque en los conflictos, sobretodo cuando se trata de limpiezas étnicas, ya que ellas son las protectoras de la cultura, las raices y tradición de los pueblos. Si se quiere acabar con una comunidad la solución más rápida es dirigir el ataque a las mujeres.

Durante el conflicto armado de Guatemala se informó sobre 42.275 violaciones de Derechos Humanos, de las cuales un 2,38% fueron violaciones sexuales tanto a mujeres como a niñas (1.465 casos), en su mayoría al pueblo maya, en forma de limpieza étnica. Las violaciones no solo era una forma de tortura contra las mujeres sino que además iba dirigida deliberadamente a la comunidad maya, pues suponían un instrumento de tortura; las mujeres eran violadas muchas veces con intención de sembrar el terror entre sus comunidades, a través de violaciones “públicas”, delante de sus familiares, o se les ponía en conocimiento de lo que les sucedía a sus mujeres para de este modo, destruir la voluntad de los hombres, hacerles sentir culpables, humillados, impotentes, derrotados; la violación hacia las mujeres, es una “guerra psicológica” hacia sus hombres.

Otro caso a destacar, es el del genocidio de Ruanda, donde la mayoría de las mujeres mayores de 12 años fueron violadas. Como dato clave decir que en 100 días se violaron más de 250.000 mujeres.

Dos años después del genocidio de 1994, Bru Rovira tomo esta fotografía: “Nacido en la carretera” de la que nos dice que “el niño que viaja a la espalda de su madre todavía no ha conocido un hogar. Su madre lo parió en la cuneta de una carretera durante uno de los numerosos desplazamientos siempre huyendo de algo. No tiene ni casa, ni país. Pero parece que se siente bastante a gusto adosado a mamá”.
Un conflicto lamentablemente destacable, es el de la ex Yugoslavia; Como consecuencia de la limpieza étnica que llevaron a cabo los serbios, se dieron violaciones sexuales, ataques directos a la capacidad reproductora de las bosniacas y fecundaciones deliberadas como manera de limpieza étnica. En Bosnia más de 20.000 mujeres sufrieron abusos sexuales.

De la guerra de los Balcanes Bru Rovira nos muestra una foto del otro bando, “La habitación vacía de Milicia”, tomada poco más de un año después de que la niña de 3 años Milicia falleciera como consecuencia de los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado del 17 de abril de 1999. nos cuenta la historia de la hija, la madre y la abuela que salen en la foto “La abuela Lena hubiera querido que el parto hubiera coincidido con la fecha del 17 de abril, pero Alexandra se retrasó cuatro días. Ahora la niña ocupa la habitación vacía de Milicia y Dusica, la mamá, ha dejado de tomar los antidepresivos”
A raíz de Ruanda y la ex Yugoslavia, se crearon en Naciones Unidas los tribunales penales internacionales ad-hoc con la intención de juzgar dichos crímenes; a pesar de ser calificados como específicos hubo grandes avances que hicieron posible en el 2002 que mas de 60 países ratificaran el Estatuto de Roma donde se reconocieron violencia sexual y género como crímenes al mismo nivel que el homicidio, la tortura, los tratos crueles, la mutilación y la esclavitud.

Por lo que se puede decir ahora, que todos estos actos de violencia contra las mujeres durante los conflictos armados son considerados como una trasgresión del Derecho Internacional Humanitario, y al suceder a gran escala o política organizada de Estado, como fue en los casos de Guatemala, Ruanada o la Ex Yugoslavia, hace que se reconozcan como crímenes contra la humanidad.


Tampoco debemos olvidar la situación en los campos de refugiados y desplazados, donde tanto mujeres como niñas siguen siendo vulnerables de sufrir violaciones sexuales. Organismos como el ACNUR, proponen medidas para evitarlas, además de la necesidad de incluir programas psico-sociales para las mujeres y niños que han sufrido mayores traumas. Como por ejemplo en Bosnia y Herzegovina se crearon programas como “Bosfam” y “Bospo”, en los que se daba apoyo a las mujeres que habían sufrido algún tipo de abuso sexual, siendo de gran ayuda incluir a las personas de su entorno en estos programas, para el progreso de las mujeres violadas, la comprensión de las comunidades y de esta manera facilitar su recuperación y reintegración.

Precisamente del campo de refugiados de Kuito, en Angola, toma Bru Rovira la fotografía que inicia su libro de la que dice “Ella y su bebé jugando. Comiéndose a besos (…) Saqué la cámara y enfoqué la escena. Pensé: por muy mal que vayan las cosas, siempre podrás encontrar dentro de ti un atisbo de belleza al que agarrarte. Apreté el disparador”


Tras analizar alguno de los muchísimos problemas a los que se enfrentan las mujeres “en conflicto”, me resulta mas bella esta exposición que muestra la fuerza de estas madres, pues es en ellas, A PESAR de lo vivido, sobre las que recae la salvaguarda de sus hijos desde que se encuentran en su vientre, a veces están solas, muchas son víctimas de violaciones, a otras no les queda nada escepto lo que más quieren: sus hijos.



No podía faltar la Tonita de San Carlos, la madre de todos los Sancarleños. Una mujer entrañable.




Revista THE INSIDER

martes, 17 de noviembre de 2009

RECUERDOS EN LAS CALLES DEL OLVIDO

Hace años que pasó la movida madrileña pero por las noches entre las calles de Malasaña, continúa viva y se puede escuchar.

“La chica de ayer” no hay día que no cierra el Penta, e Isaac sigue mirando por la mirilla de la puerta del Leidy Pepa, para ver al degenerado que llega a comer espaguetis radioactivos o un buen plato de callos a la madrileña a esas horas indecentes de la noche en que cierran los bares y el hambre acecha.

¿Qué decir del Penta que no haya sido cantado ya? En sus paredes se puede leer historia que suena por los altavoces mientras las nuevas generaciones de madrileños escuchamos las mismas canciones que enamoraron a nuestros padres: Los Secretos, Hombres G, Mamá, Mecano, Nacha Pop, Sabina y Alaska, comparten noche con Fito, Lokillo, Los Mojinos Escocios y Los Rodríguez. Pero siempre para terminar el clásico de Antonio Vega que recuerda como por la noche iba a eses mismo bar para escuchar canciones que consigan que te pueda amar.

De este modo Antonio nos abre las puertas y la calle de La Palma se llena de gente, que ríen, se abrazan, algunos quieren retirarse y otros seguir de farra.

Los chinos aparecen con sus bocadillos, pero algunos preferimos los platos de siempre, acompañados de borrachos tocando el piano o la guitarra, recordando como nos dieron las diez y las once… gritando un déjame, no juegues más conmigo… o aclarando que como nosotros el amigo Blanco Herrera no estaba muerto no, no, pues estaba tomando cañas! No es otra cosa que la banda sonora de nuestras vidas.

Allí entre San Lorenzo y San Mateo llamamos al timbre de un Teatro Café Bar cerrado. Se asoma por el ventanuco un bigote canoso unido a unas gafas grasientas de culo de botella (seguro que bebida por él) te miran examinando tu estado etílico, se vuelve a cerrar la apertura y se abre la puerta. Ahí tenemos a Isaac, que te recibe siempre con los brazos abiertos preguntando si hay hambre.

Poco tarda en llegar la cerveza y los espaguetis, mientras alguien se arranca por bulerías ante los gritos de Isaac para que no se suba la voz y las exclamaciones de la camarera que mientras se lleva las manos a la cabeza le pide al cielo no tener jamás hijos como los individuos que tiene delante.

Parece que tenemos un pacto con el sol, para salir de aquella bodega al mismo tiempo que él se alza, y con los primeros rayos del alba, discutimos en medio de la calle Espíritu Santo, en que portal encontraron al Gran Enrique Urquijo aquella noche que el caballo se lo llevo.

Al no recordar cual era nos abrazamos en medio de la calle mientras cantamos alguno de sus himnos hasta que alguna vieja sale por la ventana dando gritos y tirándonos barreños de agua que nos recuerdan que la noche ha terminado, que los bares han cerrado y que fue en ese mismo lugar cuando hace hoy 10 años, Enrique… nos dejó.


jueves, 8 de octubre de 2009

LA LECTURA NOS LLEVA A LA LOCURA

Estaba yo aburrida con el Plan de Urbanismo de Cobeña, y me topé con un... ¿¡Poema de Neruda!?
ODA A LA EROSIÓN:
Volví a mi tierra verde
y ya no estaba,
ya no
estaba
la tierra,
se había ido.
Con el agua
hacia el mar
Se había marchado.
Son cosas curiosas que hay que compartir, con las que reafirmo mi creencia de que a muchos juristas, de tanto leer se nos seca el cerebro, perdemos el juicio y hasta podemos volvernos poetas. Seguro que alguno recordará El Callejón del Beso de ciertas Penitenciarías.
Y puesto que mañana celebramos en Alcalá de Henares el bautismo de Cervantes les dejo con un "pedacito" de su obra, que habla precisamente de eso, como la lectura nos lleva a la locura:
"En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo."

jueves, 17 de septiembre de 2009

ASF-SPAIN, RGO CAMERÚN. Canciones desde Africa

Septiembre 2007.
Había escuchado desde pequeña las historias de mi abuela que iba y venía de un lado a otro con niños malitos, pero aquella mañana estaba a punto de empezar mi primera misión para ASF, ni mas ni menos que a mi querida África, 5 días en Camerun, lidiando con las distintas adversidades enviadas por la "diosa" del orfanato Rhema Grace, yo sola. Debía hacerlo bien. Tenía la genética y las ganas de ayudar de mi parte, la inexperiencia y occidentalidad en mi contra. Nuestros compañeros del Aeropuerto de París, en concreto una señorita de tierra, que debía haber sido "Miss Simpatía 1912", casi me hace perder el avión a Douala. Negociaciones, sudores, carreras, abrochense los cinturones, se van a África.

Samuel tardó en llegar, pero apareció con Napoleón. santo varón al que le pondría la cabeza como un bombo llevándome de un sitio para otro. Todo sea por los niños, pobre... no sabía donde se metía conmigo. Samuel y su mujer me obligaron, porque no me dieron opción a decidir, a dormir en su casa. Me faltaban años y color para estar sola en el Hostel, y le causaría problemas de sueño. Así que yo feliz y el pudo dormir tranquilo.

Al día siguiente empezó todo el jaleo. Había que hacer muchas cosas, y casi no tenía días. Lo primero, orfanato y niños... esos niños que son el sentido de nuestro trabajo, por quienes las dificultades de los viajes nos llegan a saber dulces, y a los que muchos de nosotros, por no decir todos, nos gustaría meter a todos los huérfanos en la maleta y traerlos a España, comértelos con patatas o a besos, cuidarlos y educarlos... por no hablar de bañarlos con jabón y limpiarles los mocos. Pero sabemos que en muchos casos eso no es posible. así que nos queda la segunda opción, permitida por las autoridades españolas y de los países que visitamos: TRABAJO IN SITU.
Ve al colegio, habla con profesores, las mosquiteras, los libros ¿cuántas pizarras faltan?, hay que limpiar el culito a ese bebé, un beso para el otro. "¿la comida de los nenes está lista?", el libro de cuentas, saber cuántos trabajan aquí, vamos al mercado, "bajame el precio que vendrán más de mi organización". Compra más libros, paga esto, ahora lo otro, un caramelo para un niño, una piruleta para el otro, madruga, la pastilla de la malaria...

De repente me acabo de dar cuenta que ya estoy en el avión, cansada, sucia y destrozada, pero satisfecha. Quedan algunos temas pendientes para la próxima misión (esto es África), pero me he quedado cerca. Abróchense los cinturones, vuelven a SU realidad... se me cierran los ojos, y me veo de nuevo en el Camerún, esta vez más de 5 días, con más dinero y tiempo para hacer más cosas, ayudar más, dar más besos a los bebes y jugar más con los niños. Verles reír, comer, están sanos y van al colegio, un sentimiento de responsabilidad materna ha nacido en mí y aún me quedan años para estar preparada para tener hijos, pero parece que ya he empezado a ir por ese camino. Ellos han entrado en mi vida, yo espero que en la suya, o por lo menos haberla mejorado.

Como diría un amigo sudafricano sobre mi amor por esa tierra africana: estaba UBUNTU a África, "conectada". Otra vez estaba conectada, otra vez UBUNTU, UBUNTU para siempre con estos niños de África.



Niños del Rhema Grace limpiando la ropa en el rio. Camerún. ASF-ESPAÑA.


En el cole. Camerún. ASF-ESPAÑA.



La Seño del cole. Camerún. ASF-ESPAÑA.


Nieves. La niña más seria de África. Camerún. ASF-ESPAÑA

Niños cantando a la salida del colegio de Limbe



Clase de Preescolar

jueves, 30 de julio de 2009

ERASMUS: MEJOR INVENTO DE LA UE

La primera vez que me sentí Europea, fue un 15 de Septiembre en Méjico, concretamente en Manzanillo, celebrando EL GRITO, su independencia.

Estaba yo en la fiesta, única española, con la cabeza bien alta, y aceptando el pésame por mi pérdida de todos los allí presentes, que aunque nadie lamentaba debo reconocer que fueron muy educados. Cuando me presentaron a un inglés y al saber que éramos los dos del “Viejo Continente” nos saludamos con efusividad por la coincidencia de dos europeos en medio de tanto tequila. ¡Con un inglés! Atrás quedaron los recuerdos de El Peñón.

Y es que el Erasmus ha hecho mucho bien en Europa. ¿Se acuerdan de Alfredo Landa cuando en esas películas en blanco y negro soñaba con las primeras suecas que pisaban nuestras costas? Pues hoy en día habría hecho sus sueños realidad ¿Qué no se lo creen? No se preocupen que yo se lo explico.


Imagínense, fiesta Erasmus en Bruselas, por elegir un lugar europeo cien por cien europeo. Como no, en el apartamento que comparten un español y un italiano, que es bien sabido por todos los Erasmus que siempre terminamos juntos, y al no haber dos sin tres, también vivían con... un ruso, por ejemplo. Antes de la fiesta se habían repartido las tareas: el italiano que se llama Silvio Berlusconi, ponía las chicas, el ruso, Vladimir Putin, las camas y el español, que es nuestro querido Alfredo Landa hacía la sangría y ponía una pegatina junto al timbre del telefonillo de la calle donde se leía:

FIESTA "ORGASMUS" 4ºB.


Iban llegando las chicas más guapas de todos los lugares de Europa, algunas un poco golfillas (toda la comunidad Erasmus de Bruselas conocía los gustos de Silvio), pero había de todo, destacando la belleza de una sueca, rubia que se llamaba Ingrid Bergman. La pobre Ingrid que acababa de salir de un examen quería celebrarlo por todo lo alto así que comenzó vasito a vasito con la sangría de Alfredo.

Se pueden imaginar cómo terminó, si es que ya se sabe con las niñas bien en los Erasmus... al principio (solo al principio) no controlan mucho con el alcohol, y claro, mientras su estado etílico era aceptable, Silvio le hacía mucho caso, pero cuando pasó de aceptable a deplorable, fue Alfredo que como dice la canción era feo, fuerte y formal, quien se encargó de ella, la bajó de la mesa donde no dejaba de gritar “tócala otra vez Sam” a un estudiante llegado del antiguo Congo Belga que levantaba pasiones entre las chicas, la sujetó la cabeza en el baño, la llevó a su casa bajo la lluvia, pues temía que como la metiera en un taxi le pediría al taxista que la llevara a la estación de tren porque según ella quería coger el ORIENT EXPRESS.

Un espectáculo la noche que le dio a Alfredito, pero ya sabemos cómo es el amor a la española y los caballeros andantes al sur de los Pirineos.

Dos días después, cuando Ingrid se recuperó de la resaca de la sangría ¿a quién creen que llamo? Pues a su compañero de la clase de Arte Dramático para darle las gracias y disculparse. Nuestro futuro gasolinero le haría reír diciendo que sólo creía en “Dios, en Franco y en Don Santiago Bernabéu”, conquistándola hasta que terminase el Erasmus.

Y es que, señores, somos Europeos, aunque hace unos días en el aeropuerto de Estocolmo donde la gente me sacaba varias cabezas y era (siguiendo estereotipos) de dos colores: rojos o blancos, dependiendo de si habían ido a Mallorca o estaban a punto de ir, me seguía preguntando en que nos parecemos.
Pero al llegar a Helsinki donde me encontré con mis amigas del Erasmus en Florencia, una francesa, una finlandesa y las española que firma, me di cuenta que si hay algo común a todas, no sabría como explicárselo, es un sentimiento, un pasado juntas durante un año en el que fuimos familia. Supongo que es lo que hace el Erasmus, te obliga a querer a las gentes de países con los que las relaciones a lo largo de la historia han sido buenas, malas y peores.
Existe una diferencia cultural obvia, hablamos diferentes idiomas pero nos podemos entender todas en dos o tres, están los Beatles y ... la verdad es que no nos parecemos tanto, es cierto que cada una tiene sus gustos, Rioja, Champagne o Vodka, pero somos felices si los intercambiamos, compartimos preocupaciones y objetivos, estamos abiertos a costumbres como la de meterse en una habitación a 80 grados, y cuando uno no puede más baja corriendo una colina en medio del bosque unos 5 minutos, en bañador, con la rasca característica del verano nórdico, hasta llegar al lago de aguas un tanto frías y saltar. De locos. Pero si lo hacen los finlandeses los españoles también podemos… ¿No somos todos Europeos?.

Y una vez en el agua, nadando mientras se escucha el silencio, bajo ese cielo que hace que las puestas de sol y el alba sean eternos, dos momentos mágicos del día que en las tierras cálidas del Sur de España son breves, allí duran horas, prolongando la magia.

Y así, pasando frío, bebiendo vodka y cantando los Beatles, uno se da cuenta que esas amigas que hizo hace años son parte de ti, mas altas, mas rubias y con los ojos mas azules, pero sin ellas sabes que serias diferente.

Eso es lo que hace el Erasmus, crea un sentimiento de unidad entre todos aquellos que viven unos meses en una ciudad que no es la suya, aprendiendo un idioma que hasta entonces desconocían, y con personas de diferentes nacionalidades que van a estar a tu lado, que van a ser tu familia durante ese tiempo, y a los que vas a terminar queriendo, así se crea Europa.

¿Y quién sabe? Teniendo en cuenta que lo mejor y lo peor de cada casa se va de Erasmus, puede que tu compañero de piso termine siendo presidente de algún país, actor, espía o cómico. Pero para eso, habrá que esperar unos años, que la generación Erasmus, aunque lleva tiempo, acaba de despegar.
Europa. España. Ancha es Castilla.


Europa. Italia. Florencia, mi Erasmus.



Europa. Finlandia. Puesta de sol en un lago. Duración: 2 horas aprox.

sábado, 25 de abril de 2009

DESPEDIDA A LA ALCALAINA

Me gustaría despedirme “a la francesa”, es decir, marcharme sin decir adiós. Pero todos los momentos pasados juntos me obligan a hacerlo “a la alcalaína” y por descontado “a la interamericana”, que ya sufrí.

Supongo que la mayoría a estas alturas saben de dónde vengo y a dónde voy, que compartí cuna con aquel que escribió sobre el mayor demente de la literatura española, por lo que pasé mi infancia entre Quijotes, Rocinantes, Sanchos y Dulcineas del Toboso.

Los molinos siempre fueron gigantes para mí y supongo que tantas historias leídas, con la influencia de caballeros como Amadís, don Galaor, el Caballero de Febo o el Cid Campeador me hicieron perder la cordura ante mis paisanos y buscarme mis propias luchas y gigantes.

Así es como llegue a esta Corte, que sin ser de reyes y doncellas, estaba llena de valientes americanos y algún que otro europeo perdido, con los que he compartido batallas, banquetes, rones, risas y muchos bailes.

El primer día cierto abogado con nombre de torero nos reunió a los recién llegados, pidiendo que nos fijáramos en las caras de aquellos que estaban frente a nosotros, pues se convertirían en compañeros de aventuras y desventuras, trabajo y Eternos Amigos… en aquel momento no podía imaginar cuánta razón tenía.

Acertada profecía puedo decir a fecha de mi partida, pues retorno a las llanuras de Castilla, ancha y dorada, con las mejores amistades creadas.

¿Cómo podía saber yo a mi llegada que encontraría personas con quien compartiría los mismos ideales y realidades?, pero con tanta valentía y fuerza para afrontar sus miedos y retos que me asombraba, no me quedaba más que aprender de ellos.

Precisamente el aprendizaje es otra de las cosas que guardo en la mochila de vuelta, ya puedo presumir que realmente empecé a aprender Derecho en la Corte, mis maestros no fueron otros que todos ustedes. Tantas horas buscando soluciones a los males de las Américas que aprendí de las maravillas de esta tierra de la que ya me siento parte. Esta América que tanto amamos, y que me han mostrado abriéndome las puertas de sus países con charlas interminables en las que esta española se ha paseado por Brasil, Colombia, Méjico, Chile, Perú, Argentina… tantos lugares, tantos casos, tantos expedientes, tantos corazones en el camino.

Duele la partida, pero hay que ser valiente, la vida está llena de etapas, unas empiezan y otras acaban, y nuestra obligación es vivirlas al máximo, exprimir los buenos ratos, y aprender de los malos, caer y levantarse, agradeciendo siempre la ayuda del que te presta una mano además de una copa de ron.

¿Volveremos a vernos?; ¡Seguro! No tengo la menor… el mundo de los Derechos Humanos es pequeño y ustedes son grandes, como decimos en España, “arrieros somos y en el camino nos encontraremos”.

Sin más me despido, mis queridos Quijotes, más cuerdos de lo que nuestros Sanchos piensan, pero luchadores por un ideal. No cambien, no pierdan esa vocación que tanto nos unió a todos en este periodo de tiempo que el destino decidió viviéramos juntos en la bella tierra de Costa Rica.

Y recuerden que una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las mas noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos les esperan en su Alcalá de Henares, donde nunca olviden que además de lecho, techo y mesa, tienen una amiga.


Blanca Lalanda Alonso de Armiño
Infanta de Alcalá de Henares y los Montes de Toledo (menudo apodo me han buscado)

lunes, 13 de abril de 2009

ABOGADOS EN EL CALLEJÓN DEL BESO

A los abogados se nos ha tachado siempre de no saber reconocer el romanticismo ni aunque nos lo sirvan en bandeja de plata. Pero hay que entender que para románticos ya están los poetas, y que nosotros nos tenemos que hacer cargo del daño moral o económico y el lucro cesante causado por las relaciones.

En mi caso personal, durante los últimos años en que mis amigos han comenzado a contraer matrimonio, me gané la fama de fría y calculadora, además de pesimista (menos entre los catalanes, gracias a su Código Civil) pues siempre que me comunicaban una unión yo recomendaba acuerdo prematrimonial. Supongo que también ayudó a crearme esa imagen, mis primeras reacciones llevándome las manos a la cabeza y preguntando sobresaltada contra quien se casaban.
Menos mal que ya he ido puliendo mi comportamiento y hasta me alegro cuando son dos amigos los que deciden pasar por la vicaría, ya no sólo por el buen banquete y la jarana que me espera, si no porque de verdad les quiero y deseo lo mejor. Pero mis recomendaciones, siguen siendo las mismas.
Volviendo al tema central, y reivindicando que no somos lo que trabajamos, aunque cierto es que a veces nuestro calidad de abogados aparece durante la vida libre y ociosa, al igual que nuestra parte humana hace acto de presencia durante las mas de las 10 horas diarias que se le dedica al oficio, insisto, podemos llegar a ser románticos, aunque cueste creer.

Buscando buenos ejemplos, encontré escuchando una Audiencia Pública de la Corte Interamericana en Méjico, al representante de las víctimas de un país que me fascina, y en el que siempre he dicho que es donde mejor me han tratado.

Mientras el representante hablaba del acuerdo de solución amistosa que había entre el Estado y las víctimas dijo:

“Ya que estamos en Méjico no podemos dejar de ser un poco románticos: un acuerdo que no pretendía ser el callejón de los besos”.

Apunté en un papel CALLEJÓN DE LOS BESOS, y seguí escuchando. Cuando terminé, pregunté a una amiga y compañera mejicana a que se refería y me contó que en Guanajuato, hay una leyenda que cuenta lo siguiente:

Doña Ana era la única hija de un español rico, intransigente y violento. Pero a pesar del espanto que producía su padre entre los pretendientes, doña Ana era cortejada por un joven apuesto, don Carlos.

Pero al descubrir su padre el amor que compartían, sobrevinieron el encierro, la amenaza de enviarla a un convento o hasta casarla en España con un viejo y rico noble. (seguro que hoy en día ante la liberación desenfrenada de la mujer muchos padres han pensado mas de una vez hacer lo mismo.)

La bella y sumisa Ana y su dama de compañía, doña Brígida, lloraron e imploraron juntas pero de nada sirvió.

Así que doña Brígida (que como le ocurría en Castilla a su buena colega Celestina, ya vestía canas y sabía mas de amores y sus placeres que la pobre pánfila doña Ana) resolvió que llevaría una misiva a don Carlos con la infausta nueva, y de este modo buscar solución alguna a tal desdichado amor.

Mil conjeturas se hizo el joven enamorado, pero de ellas hubo una que le pareció la más acertada, que no valiente, pues bien podría haber raptado cual don Juan a su amada doña Inés y haberle dado un poco mas de emoción a la historia.

Pero el pobre joven y cohibido enamorado, por cuyas venas corría la horchata más que sangre roja por amor, recordó la existencia de una ventana de la casa de doña Ana que daba hacia un angosto callejón, tan estrecho que era posible, asomado a la ventana, tocar con la mano la pared de enfrente.

Decidió comprar la casa, para así hablar con su amada, y entre los dos, encontrar una solución a su problema.

La alegría de doña Ana al ver a su amado embobado al otro lado del callejón fue truncada, cuando escucharon al fondo de la habitación los gritos y amenazas de su padre increpando a la Celestina mejicana. El cual apartó de un golpe a doña Brígida y clavó la daga que portaba en el pecho de su hija.

Don Carlos enmudeció de espanto (ya he dicho que no era muy bravo, que si flojo) y antes de que su amada falleciera, beso la mano fría que aún sostenía entre las suyas.



Nos quedamos la mejicana y yo pensando en la relación que había entre la leyenda de Guanajuato y el acuerdo de solución amistosa, sin llegar a conclusión alguna. Preguntamos, muchos divagaron, pero nadie nos supo contestar.

Pasaron los días y volví a escuchar la Audiencia Pública, y allí estaba la respuesta que yo no había logrado entender la primera vez. El representante de las víctimas la explicaba claramente y esto fue lo que dijo:

“Un acuerdo que no pretendía ser el callejón de los besos, pero tampoco el Acta de Solución Amistosa (…) puede convertirse como dice aquí en un candil de la calle, en una ilusión óptica. Si esta Ilustre Corte le da la razón al Estado, la solución amistosa es un candil de la calle (…) Si esta corte permite el levantamiento de las medidas provisionales, gana la muerte”.

Entonces lo entendí, o al menos, así es como yo lo interpreté:

Si el acuerdo de solución amistosa no llevaba a cabo las medidas establecidas, sería como el candil de la calle, que iluminó un amor prohibido, pero no hizo nada por protegerlo. Supongo que el representante de las víctimas preferiría que el acuerdo de solución amistosa fuera la valiente doña Brígida, que luchó por el amor, frente a un padre/Estado que se opuso a él, llegando a impedirlo cortando la vida de su propia hija.


Sinceramente considero, que a cualquier poeta de profesión le habría sido difícil superar el romanticismo puesto en el caso por un abogado de vocación.

jueves, 26 de marzo de 2009

El Juez y Las Pasantes en “Casa Infantas”


Dicen que la Patria te llama siempre, da igual donde esté uno, y cuando es a través de jamón serrano, queso manchego y aceite de oliva, la respuesta a tal reclamo suele ser por lo general MASIVA.

Esta mañana, decidí preparar para comer un bocata con el jamón y el quesito manchego traído desde los “madriles” por mis Señores Padres. Como era obvio, a medio día, empezaron a llegar a mi mente, los recuerdos del tan frecuentado ÍNDALO en mis años de facultad, sus roscas y cervecitas a media mañana entre la clase de Romano y Civil. Fue entonces cuando, aprovechando la visita del “caballero salvador de la Corte”, para arreglar mi ordenador, decidí comerme el sabroso manjar que tenía preparado para la comida.

Y como por obra de magia, o mejor dicho por mi oferta universal de jamón para presumir de gastronomía de mi país, se empezó a llenar mi cubículo de gente: chilenas con la pata chula y muletas, mejicanas a la carrera, argentinas de paso… y de repente, en pleno auge de mi “recinto” de trabajo, que mas parecía un bar de tapas donde solo faltaba las cañitas, que la gente fumara, tirara los papeles al suelo y la televisión estuviera puesta sin sonido; mientras yo estaba con la boca llena a doble carrillo, apareció Don Manuel, Juez, Sabio en Derecho Internacional Publico y Derechos Humanos, y desde la semana pasada reconocido profeta en su tierra. Todo un señor.

Don Manuel traía unas fotos impresas que habíamos tomado las pasantes con él en la ceremonia en su honor, y que le enviamos al día siguiente.

“¡Buenos días Don Manuel!, muchas gracias”. Agradecí mientras tragaba a marchas forzadas y con mis manos grasientas por el aceite y el jamón sujetaba las fotos que me regalaba.

Colorada y muerta de vergüenza, por la situación en plena inauguración del nuevo bar en San José “Casa Infantas”, propuse “Barra Libre” al Juez y las Pasantes, ofreciendo a Don Manuel bocata, como lo estaba haciendo con todos. A lo que él prefirió no aceptar muy educado, dicha propuesta, pues no eran horas… No se me ocurrió otra cosa que dejar que corriera la sangre española por mis venas y decirle que ¡como no!, que era la hora de tomarse el aperitivo, que mejor que con jamoncito serrano y queso ¡Las tapitas!, disculpándome por la ausencia de las cañas, por supuesto.

¿pero en que estaba pensando?

¡Ay! Esta nacionalidad que se revoluciona cuando uno la saborea en la distancia después de tanto tiempo y quiere presumir de ella ante quien sea.

Pero… que bien se come en mi patria, empezando por la Sidra de la Infanta de Asturias y Covadonga y la Costrada de la Infanta de Alcalá y los Montes de Toledo, continuando por el jamón serrano, el queso, el aceite de oliva, el vino ausente, un buen Rioja, o un Ribera del Duero… la tortilla de patatas, la fabada, el cocido madrileño y los bocatas de calamares, los callos, las migas, el cochinillo de Segovia, y por la mañana… Churros con Chocolate. Maravilla de gastronomía española.

viernes, 13 de marzo de 2009

AVENTURAS EN BIKINI


Siempre he relacionado la palabra “AVENTURA”, con las botas de monte llenas de barro después de un largo día detrás de un búfalo; o con el frio de la península del Labrador a finales del verano en plena migración del Caribú; con esquiadas por lugares inexplorados abriendo huella y padeciendo los 20º C bajo cero, que luego se recuerdan entre risas metidas en termas en medio de los Andes a las 2 de la madrugada con un pisco sour en la mano; travesías a caballo cruzando las rocosas cual John Wayne, o navegando ríos por la selva del Amazonas.

Pero en bikini… nunca hasta este fin de semana se me había pasado por la cabeza una aventura en bikini. Pero si… gente de mente cerrada como yo, eso es posible.

Me habían convencido a última hora del viernes para que fuera a pasar el fin de semana a una playa paradisiaca en el Pacífico por dos duros, con un par de argentinas sin tango pero con mate, una brasileña bautizada "Reina de Ipanema" y una colombiana, que un día, como San Pedro, guardó las llaves del cielo, en su caso, de Tamarindo, pero que tras perderlas en una noche memorable que pocos podemos recordar con exactitud, decidió volver a sus quehaceres de Protectora del Derecho de las Mujeres y su educación en el disfrute de los placeres de la vida.
Tras el madrugón, un gallo pinto, un café y varias horas de carretera llegamos a la que considero, por lo que he visto, de las playas más bonitas de Costa Rica. Nos fuimos a un lugar apartado, bajo unas rocas, y ahí nos preparamos para pasar, el que para mi ha sido hasta la fecha, el mejor día de playa, comparable incluso a uno bueno de esquí.

Entre charla y charla, la reina de Ipanema, la de las llaves de Tamarindo y la que firma que en estas tierras ha sido apodada como “Infanta de Alcalá de Henares y de los Montes de Toledo” nos fuimos alejando de la costa y de las porteñas que entre cocos y maromos, tomaban el sol, mientras nosotras, subidas a una roca contemplábamos ese mar inmenso, color turquesa, tranquilo... bello... lindo...

¡PERO NO! Tan pronto como conseguimos subirnos a duras penas mi querida colombiana y yo, pensando que compartíamos además de roca, estilo en el agua como la de Ipanema, el mar decidió dejar de ser tan pacífico como su nombre indica, y de una ola me arrastró bajo la roca, contra otra que había detrás. Nadé como pude para evitar golpes, arañazos, conseguí salir y de un grito propuse alejarnos.

El mar es un entorno nuevo para mi, a pesar de ir algunos veranos de pequeña a Menorca, he comprobado con mi llegada a este país donde la actividad de los fines de semana es ir al mar, ¡QUE SE ME HA OLVIDADO NADAR!, provocando situaciones bastante cómicas con olas que me arrastran y me hunden, chapoteando a mi edad y tragando demasiado agua mientras intento con mi elegante dogstyle salir a flote. (Hablamos de sitios con apenas 1 metro de profundidad).

Lo mío es la montaña, lo he dicho mil veces, soy de secano, quien me conoce sabe que allí es donde mas feliz me siento, ¿Qué hago en el mar en pleno febrero, cuando tendría que estar disfrutando del mejor invierno español en años? Como diría mi profesor de matemáticas Don Marcelino:

“Ando mas perdida que un gato en una fábrica de sifones”.

Pero de todo hay que saber y hacer en esta vida, y como a mi la censura no me gusta ni siquiera cuando es propia, no dude en seguir a la brasileña cuando gritó “¡A la aventura!” y de un brinco cual sirena se metió en el mar ante mi asombro y el de la de la llaves protectora del Derecho de las Mujeres y su educación en el disfrute de los placeres de la vida, que nos miramos ya con nuestros cuerpos doloridos de tanta roca:

“¿aventura?”

Como en el Cantar de Mío Cid se escuchó una voz inflexible que gritó: “¡En marcha!”

Y en marcha, nadando, en busca de la aventura nos fuimos tras la reina de Ipanema, con nuestro característico dogstyle y tragos de agua.

Para que los ticos sepan nuestra exacta situación geográfica, me expresaré como ellos: Nadábamos más o menos “500 metros oeste de la roca del Spoon de Los Golpes, 2000 metros Sur del surfero bronceado”.

La colombiana y esta española, ambas por coincidencias de la vida, estudiantes de Alcalá, en pleno centro de la península Ibérica, mas lejos el mar, no puede quedar, nadábamos con miedo de terminar buscando las llaves perdidas en Tamarindo en el fondo del mar, imaginándonos a los peces entonando el estribillo de la canción infantil “matarile rile rile…” mientras se reían de nosotras.

Nadamos, nadamos, y seguimos nadando, siguiendo a la chica Ipanema, cuando tras unas rocas tan grandes que podrían considerarse como islote, llegamos a una pequeña cala que daba a una playa de arena blanca y agua cristalina… maravilloso lugar.

Salimos del mar cual naufragas sin barco, y nos dedicamos a recorrer playas desiertas, selvas plagadas de monos tragones y mapaches borrachos, cocodrilos en lagunas, que me recordaron a mis amigas de la infancia que a los 20 decidimos llamarnos las “Chicas Cocodrilo” y adoptar por himno la canción. ay la edad del pavo, lo que cuesta abandonarla y lo que se ríe uno con ella.
Mientras cantaba la canción de los Hombres G y me comía un mango de mil sabores, manchándome la cara y manos, en medio de tanta belleza natural, vimos a lo lejos a un hombre que resultó ser un “guachimán”, corriendo hacia nosotras con su barriga y un palo. Parece ser que el paraíso tiene nombre y apellidos, propiedad nacional y hay que pagar entrada.

¡Más líos!, y como no, con guardas, policías o cuerpos y fuerzas de seguridad, con lo buena ciudadana que soy en España, cruzo las fronteras de mi Patria, y siempre rozo de una manera u otra la clandestinidad y/o ilegalidad.

Salimos corriendo dirección a la playa gritándole a la de Bogotá que se olvidara de parlamentar y que se metiera rápido en el mar, que el guachiman con esa barriga, seguro que no nadaba, y con el palo no negociaba.

Así fue como salimos del paraíso a nado y contemplando la puesta de sol, las tres compañeras de aventuras y ahora clandestinidad.

Decidimos repetirlo al día siguiente. Así que nos fuimos a dormir en ese albergue que a pesar de ser muy barato, tuvieron la cortesía de no incluir en el precio, las pulgas que nos picaron toda la noche.

A la mañana nos separamos, por un lado las argentinas y la colombiana, con las mochilas, y por otro la de Ipanema y yo con intención de repetir faena, pero tontas de nosotras, nos creíamos que la suerte sonríe dos veces en un fin de semana, y en medio de nuestra travesía a nado, otro guarda nos empezó a hacer señales. Para salir de allí.

¿¡Como no habíamos pensado en la posibilidad de que saliera mal!?

Pues sí, nos pusieron de patitas fuera del parque nacional, en bikini, descalzas, sin dinero, sin documentación, sin comida, ni agua, ni manera de contactar con las de dentro. No nos quedaba otra opción que intentarlo de nuevo, pero por la entrada principal.
Atravesamos el pueblo corriendo en bikini por el asfalto ardiendo bajo un sol inclemente. Llegamos a la entrada y con nuestras mejores sonrisas, preguntamos si habían pasado con pasaporte diplomático 2 porteñas y 1 bogotana. Ante su afirmación, nos hicimos las sorprendidas, insultando a nuestras amigas que supuestamente nos habían dejado tiradas.

Pedimos permiso para pasar sin pagar, pues era obvio que no llevábamos dinero. El guachimán de turno, nos avisó que no íbamos con el mejor atuendo para entrar en esas tierras donde la mayoría va con sus botas y mochilas como auténticos exploradores, y nos pidió de fianza una prenda, a lo que ambas contestamos al unísono:

“¿la de arriba o la de abajo?”

Tras desearnos suerte y sin confiar en que pudiéramos cruzar descalzas comenzamos nuestras andanzas, en bikini y sin "las calgaletas de la mamá de Carlitos" con el sol del trópico abrasando a medio día.

Creo que uno de los mejores momentos del fin de semana, fue cuando tras la larga caminata por esas tierras ardientes, divisamos el mar, y corriendo como podíamos con los pies doloridos llegamos al agua y descansamos.

Cuando nos encontramos con el resto del grupo, nos llevábamos las manos a la cabeza pensando cómo había sido posible que ninguna pensara en la posibilidad de que el plan A fracasara, y no tener un plan B. Una de las porteñas a la que llamamos “Barbi Human Rights (la corte se vende por separado)”, confesó que si se le pasó esa posibilidad por la cabeza, pero…

“¡Che boludas!, Era obbbbvio que ustedes igualmente iban a ssshegar.”

Parque Nacional de Manuel Antonio. Calmando el dolor de pies después de la caminata descalza. Costa del Pacífico. Costa Rica.




Vuelta a casa. Camino hacia San José. Costa Rica.

miércoles, 25 de febrero de 2009

UNA VIDA VOLANDO


La conocí el 1 de Mayo de 1986, yo tenia 2 años y medio y ella… puede que ya hubiera perdido la cuenta, pues siempre ha tenido unos “taitantos” desde ese momento, ese primer recuerdo, con mi hermano recién nacido en brazos y unos sofás grises.

Ella me había visto antes, cuidado, cambiado algún pañal y seguro llevado al monte, tampoco creo que muchas veces, pues a esa edad se está aprendiendo a caminar y ella que es una viajera profesional, los niños le gustan, si son muy pequeños, de visita, y si son un poco mayores, lo suficientemente duros como para seguirla el ritmo, lo cual es bastante complicado.

Pero como a mí me llegaron sus genes de primera mano, en línea recta, cuesta abajo y sin frenos, al ser la primogénita de su primogénita, en el reparto intenté coger lo mejor que llegaba, no con mucho éxito en algunos casos, pero en otros, puedo permitirme el lujo de decir que no he salido mal provista y supe elegir, aunque a mis 25 termine con la lengua fuera cuando la acompaño en alguna aventura.

Y es que ella siempre fue bastante dura, o al menos eso dice mi padre, que la conoció cuando se dirigía a Santiago en bicicleta desde Roncesvalles, sola, analizando los pros y los contras de algún cambio importante en su vida.

Dura, DURA de cabeza y fuerte, FUERTE de corazón. Pero lo que de verdad es de destacar, es que sufre de nomadismo agudo, y reivindica que volar, no es solo para los pájaros que algunos dice tiene en la cabeza, si no un Derecho Humano.

De pequeña, antes de que perdiera a su padre en la guerra, este le subió en un globo, y se enamoró de la vista que allí contempló. Ancha es Castilla, o el Corredor del Henares, pues desde su Alcarria natal, era lo que tenía delante.

En cuanto pudo, engañó a alguien para ser azafata, no le fue difícil, siendo hija de una suiza, hablaba un perfecto francés y buen alemán e italiano. Así que trás un café en el restaurante de un buen hotel de Madrid, en que su interlocutor comprobaba modales y educación, se convirtió con poco más de veinte años en una de las primeras azafatas de Aviación y Comercio, que mas tarde sería AVIACO, que luego pasaría a pertenecer a IBERIA.

Esos años de azafata debieron ser los más felices de su vida, pues los ojos le brillan cada vez que se sube a un avión o cuenta sus venturas y desventuras trabajando en aviación:

Un día no le sonó el despertador, y cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde, así que bajo en pijama a la calle, con una gabardina y el uniforme de volar, paró un taxi y le mandó a Barajas mientras ella se vestía. Una vez en el aeropuerto, le hizo entrar en la pista y perseguir al avión que estaba despegando. Con medio cuerpo fuera del taxi, paró el avión, la subieron a horcajadas y se marcharon. En aquellos tiempos solo había una azafata, y si estaba mala o no llegaba, el avión se iba sin ella.

Sus viajes a Malabo, cuando aún era colonia, y para ella un paraíso. Aterrizar, despedir al pasaje, ponerse el bañador, darse un chapuzón en las playas de Bioko, cambiarse y recibir a los nuevos viajeros vuelta a la Península.

Era otra época para la aviación, según me cuenta, las azafatas eran señoritas de buena familia, bastante aventureras y que se reían de las historias que la gente corriente inventaba sobre ellas. Se conocía al pasaje, pues eran pocos los que por aquellos años volaban, las ventanillas se podían abrir, y el uniforme era un traje azul marino de fondo de armario. “Volar ya no es lo que era”. Siempre me dice.

Y entre vuelo y vuelo conoció a un apuesto caballero, también de AVIACO, con el que se casó, dejo las alas y tuvo 7 hijos. Era lo que entonces se hacía.

Aunque los dos eran de las personas más increíbles que uno pueda encontrar, a él no le gustaba volar, así que un buen día, la vida les separó, dejándole a él a caballo entre Bilbao y Menorca, y ella, disfrutando de la libertad y de los billetes Free (Imprescindibles para su supervivencia).

Tomó un avión y se fue a Méjico, allí vivió una temporada con los indios tarahumaras, también llamados rarámuris, de la Sierra Madre, regresó a España, para ver que toda la familia estaba bien. Y se volvió a ir, esta vez a Argentina que recorrió en autobús, cruzó los Andes y pasó a Chile, país del que se enamoró, y vuelta a España para ver que todo seguía en su sitio, si había algún problema lo arreglaba, o cuidaba de quien necesitara de una madre, si no, volvía a tomar un avión, o un camión dispuesta a cruzar el África, cuando a mitad del camino la detenían por perder el pasaporte, pasaba una temporada en la cárcel, y se escapaba en un avión de carga de Air France, volvía a España, miraba que todo fuera bien y se iba tras curarse alguna herida, ahora el avión le llevaría a Papúa Nueva Guinea, donde no sé muy bien que se le había perdido viviendo con los Papúas, pero solo sé que cuando regresó, mi madre, bastante más sensata que ella y cuerda, lo cual no es muy común en mi familia, la metió en el hospital, para que sanara de aquello que fuera que pilló en aquella tribu prehistórica, en que amamantaban cerdos. Que si, es cierto que en España decimos que “del cerdo hasta los andares”, pero para comérselos, no adoptarlos.

En cuanto pudo levantarse de la cama, y dar dos pasos, ya estaba de nuevo en el avión, volando hacia el Kailas, bañándose en lagos a más de 4000 metros de altura y sobreviviendo a derrumbamientos, congelaciones y alguna que otra rata.

Entre viaje y viaje, yo fui creciendo, embobada con sus idas y venidas, sus fotos y sus historias, hasta que por fin, a los 18 años, me fui con ella al Perú, donde nos perdimos por los Andes y pasamos a la Selva para navegamos el Paranapura por Yurimaguas.

A mí ya me había metido el gusanillo y se dedicaba a maleducarme, muy a pesar de mis padres, que no sabían cómo atar a una hija nómada a la pata de la mesa, pues no había regresado de un viaje y ya estaba pensando en el siguiente.

Entonces llegó un día hablando de una ONG, AVIACION SIN FRONTERAS decía que se llamaba. Ya solo con el nombre mis padres pusieron el grito en el cielo.

“¡Las perdemos!”.

Empezó a llevar niños de lado para otro para que se operasen, y sus viajes de aventuras se volvieron más humanitarios. Dicen que las revoluciones son para los jóvenes. ¡JÓVENES DE ESPIRITÚ!

La volví a acompañar a otro viaje por Nicaragua, comprobando que seguía siendo imposible seguirla el ritmo. Pocas veces podemos viajar juntas, puede que pronto nos dejemos caer en un mismo sitio en el mismo momento, pero ya se sabe que dos puntos en movimiento es complicado que se encuentren, aunque lo intentamos a menudo, y como no sea en Alcalá o San Sebastián que es donde nos llegan las cartas….

Ahora debe andar por algún país perdido de Latinoamérica, que siempre fue su región favorita después de su amada España, acompañando a cierto cantautor que conoció un día en el Sahara Occidental, o Sahara Español como prefiere decir ella, en un festival de cine, y que a pesar de ser totalmente opuestos, comparten una bellísima amistad.

No sé muy bien que tiene viajar. Ni entiendo por qué a algunos nos atrapa, y nos mete en ese remolino que nos impide parar a pesar de que haya veces que extrañemos nuestra patria, nuestra cuna, nuestra gente y familia. Pero al regresar, siempre hay algo más fuerte que nos hace partir, sentirnos vivas, el ansiar más de una vida, e intentar vivir la de tanta gente, de tantos sitios, y hacerla propia. Propia y Única, Única e Irrepetible. Así es la vida, igual que un viaje, con inicio y final, y en medio, un camino lleno de buenos y malos momentos, aviones y aeropuertos, despegues y aterrizajes, risas y lagrimas, en el que haces y pierdes amistades, amores, recuerdos, cicatrices… vivir y viajar… ¿Acaso no es lo mismo?


Un gran reto este de resumir la vida de una aventurera en tan pocas líneas. Algún día le escribiré un libro como ella me pide, pero de momento, ni yo soy tan buena con la pluma, ni su historia veo que tenga fin. Así que cada cosa a su tiempo y los viajes… para SIEMPRE.
Lugares visitados, y pocos que quedan por visitar. San Sebastián.

Cruazando los Estados Unidos con su nieto en Harley Davidson.



Méjico.




miércoles, 18 de febrero de 2009

El NICARAGüENSE DE LOS JUGOS

Como todos los días, a media mañana, un par de pasantes de la Corte recogen los reglamentarios 300 colones de quien quiera un zumo, o como dicen aquí, jugo de naranja. Bajan con una cubitera a la calle, y allí está “el nicaragüense de los jugos” esperando con un carrito repleto de naranjas y un exprimidor al que llama “chupa tintas”, por alguna razón que prefiero ignorar.

Le dicen cuantos jugos quieren, el exprime sus frutas, rellena la cubitera, aclaran cuentas para tener negocios largos y se van a la Corte a repartir los jugos entre los que pagaron, siempre aprovechando que quien parte y reparte, se lleva la mejor parte. Y así todos los días, cada vez dos pasante diferente.

Yo como buena mujer, me encanta el arte de curiosear, que otros llaman cotillear, así que el día que me tocaba baje con la cubitera y mi inseparable compañero alemán, víctimas ambos de una broma o experimento, según quiera verse, que se está llevando en la Corte Interamericana de juntar al más alemán de los alemanés y a la más española de las españolas en menos de 2 metros cuadrados por 4 meses. Veamos que resulta… pero eso será otra historia.

Así que ahí estábamos el nicaragüense de los jugos, el alemán organizado y la española curiosa en la entrada de la Corte.

“¡Esto parece un chiste! Sé como ha llegado el alemán y como he llegado yo a este lugar, pero ¿usted?”



Y esta es la historia que me contó:

Él vivía en Matagalpa, rodeado de cafetales, y un buen día, le escribió un amigo suyo que vivía en Costa Rica, comentándole que pronto volvería a tierras matagalpinas, pues no tenía los papeles en regla. Estaba contento por regresar a su hogar, lo único que le daba pena era dejar su exprimidor “chupa tintas” y el carrito de las naranjas, a los que tanto cariño le había cogido.

Nuestro nicaragüense de los jugos, pensó que era una buena oportunidad para ver mundo, tenía pasaporte y visa para un sueño, así que le comunicó a su compatriota que iría a Costa Rica, y se haría cargo del carrito y de “chupa tintas”.

Así hicieron, con tan mala suerte de que al mismo tiempo que llegaba a San José, lo hizo una extraña plaga que acabaría con todas las Naranjas costarricenses.

Era un gran problema aquel, pues los niños empezaron a padecer la carencia de la Vitamina C. Las autoridades no sabían que hacer ante tanto niño sin Vitaminas. La comunidad internacional no tardó en ofrecer ayuda, a través de muchas embajadas que se ponían a disposición de Costa Rica a la espera de que especificaran aquello que necesitaran.

Cuando se enteró la mujer del Embajador de España, a la que todo el mundo llamaba Embajadora Doña Lola, pues como toda mujer, era quien llevaba los pantalones, tanto en la casa y como en la Embajada, puso el grito en el cielo.

“Don Manolo. ¡esto no puede ser!”
Le dijo al Embajador de España, al que trataba de usted, pues eran una pareja de avanzada edad, y educación arcaicas.


“Ahora mismo está usted llamando a Su Alteza, y que mande directito para Limón el Portaaviones Príncipe de Asturias lleno de Naranjas de Valencia. Que para algo he sido Fallera Mayor y somos de la Madre Patria. ¡Hay que hacer algo!”

“Pero Doña Lola, mire usted, esto no va a ser posible, el Príncipe de Asturias ahora esta navegando por el Mediterráneo Oriental y…”


“¡Don Manolo! ¡Las Naranjas para los niños!”



Curiosa pareja esta de Embajadores, ambos eran de Valencia, con costumbres muy marcadas que intentaban implantar en el país, como la de la paella de los domingos y los petardos en época de Fallas, a los que por muchos que tirasen, nunca se había llegado a acostumbrar el vecindario de ricos e ilustres donde tenían la Residencia Oficial, por lo que la Embajadora Doña Lola, solía mudarse por esas fechas a una casita cerca de la Calle de la Amargura, donde se sentía libre de tirar todos los petardos que quería sabiendo que el ruido no sería un problema.

Así que el Embajador Don Manolo, como buen calzonazos, pidió a Su Alteza, que trajera el Príncipe de Asturias lleno de Naranjas de Valencia para los Niños de San José, a lo que el monarca no se negó pues sabía como se las traía Doña Lola.

Esta era la situación en Costa Rica, esperando las Naranjas, cuando nuestro nicaragüense se despertó una mañana y contempló como en la entrada de su casa había miles y miles de Naranjas en cajas donde se leía:

SAN CARLOS LE REGALA VITAMINA C PARA LOS NIÑOS DE SAN JOSÉ.

El matagalpino no entendía nada, pues a San Carlos también había llegado la plaga, pero eso no importaba. Llamó a las Autoridades Sanitarias, les dijo que tenía miles y miles de Naranjas, que las llevaran al hospital Calderón de la Guardia, y que él con su carrito y su exprimidor “chupa tintas” estaría allí haciendo jugos hasta que todos los niños tuvieran la suficiente Vitamina C, como para un año.

Se lo comunicaron a Doña Lola, la cual contenta, ordenó a su marido que escribiera a la Zarzuela para que regresara el Príncipe de Asturias y después hizo una gran paella para celebrarlo y tiró unos cuantos petardos.

Y nuestro Nicaragüense feliz empezó a trabajar de lo que quería cuando llegó a Costa Rica, haciéndose muy conocido gracias a sus jugos, ya que esas Naranjas que aparecían todas las mañanas en su casa, en cajas de San Carlos eran mano de santo y curaban todos los males provocados por amor, intelecto o alcohol.

Un buen martes, después del típico Lunes de Cuartel, me contó que iba por la calle a 100 metros Sur del Spoon de los Yoses, cuando le paro un chileno y un gringo, pidiéndole jugos para combatir la resaca que sufrían. Tan ricos estaban y tanto bien les hicieron, que le rogaron que todos los días después de pasar por el Hospital de Calderón de la Guardia, fuera por la Corte.

Y fue a la Corte. Y han pasado varios años y ahí le tenemos todos los días a media mañana, con esas naranjas que nos dan la vida después de un fin de semana de jarana, un Lunes de Cuartel, un Martes de Vyrus, un Miércoles de Chicha y un Jueves de Jazz Café.

Lo prometido es deuda. Aquí tiene su relato que como le advertí es poco fiel a la realidad, salvo por algunos detalles que nadie puede cambiar. Espero lo haya disfrutado tanto como nosotros disfrutamos de sus juguitos.

martes, 10 de febrero de 2009

DOÑA MARICELA Y SUS PELILLOS A LA MAR


Como es tradición entre los que vivimos de una u otra manera en San José, los fines de semana aprovechamos para hacer alguna excursión, casi siempre a las playas del Pacífico o Caribe para relajarnos, tostarnos al sol, salir de fiesta, y contemplar una especie autóctona de la cota tica, caracterizada por su escultura, fuerza y bronceado: LOS SURFEROS.

Como no, esta actividad de fin de semana y fiestas de guardar, precisa nuestra mejor presencia. Para ello, toda mujer nueva en un lugar, realiza antes más que tarde la misma pregunta:

“¿Dónde puedo depilarme?”

La respuesta suele ser sencilla,” aquí o allá”, pero en el ambiente en que me muevo de gente seria, decente y respetable, la pregunta trae carcajada cuando te envían donde Doña Maricela.

Entre risas, me explican que es la mejor en este lado del Mar Océano, y que ni las brasileñas han visto cosa igual, tal es la vocación de la Señora, que es preciso tener cuidado, pues a la que una se descuida, no deja pelo alguno del cuello a los pies, y entre risas chistes y alguna anécdota me contaron la mas graciosa historia de una “depiladora profesional” jamás contada:

Maricela era una niña normal y feliz, de una familia como las demás, formada por un padre respetuoso, una madre como ninguna y un hermano con las rodillas llenas de heridas, y chichones en la cabeza.

Maricela en su calidad de “niña normal y feliz”, llevaba lazos rojos, jugaba a las muñecas, a las cocinitas y se pegaba con su hermano cuando este tiraba de las coletas con tirabuzones.

Pero había algo que la hacía diferente y que de momento nadie sabía, era su obsesión por los pelos. Contemplaba la serie de BAYWATCH, asombrada de la depilación perfecta de aquellas mujeres, y cuando iba a casa de su primo el de Palmares, se metía en su cuarto a escondidas, levantaba el colchón, y contemplaba como aquellas bellas mujeres de las revistas no tenían ni un pelo.

Así que un buen día de agosto tras un cocido madrileño que había cocinado su abuela española de los Montes de Toledo, decidió comenzar con su formación, y mientras su señor padre, del que habíamos dicho era muy respetuoso, dormía la siesta boca abajo, y sin la camisa, se metió en el cuarto con unas tijeras y cortó todos los pelos de su espalda, con tan mala suerte que al entrar su madre, que habíamos dicho era como ninguna, en el cuarto y verla encima de su padre con el moquillo que le caía entre ronquidos, y ella tijeras en mano, soltó un grito que se escuchó hasta en Panamá, pensando que la niña había perdido el juicio. El padre se despertó, pegando un brinco y clavándose las tijeras de la cocina en la espalda precisando 10 puntos que le daría el veterinario del vecino.

Menos mal que los pelos que había por toda la cama le sirvieron a la pequeña Maricela de cuartada para evitar el castigo de un mes comiendo Casados para desayunar, comer y cenar, cuando confesó su intención de terminar con el sufrimiento de su madre ante el peludo de su padre, ya que para ella eso de EL HOMBRE Y EL OSO CUANTO MAS PELUDO MAS HERMOSO, no tenía razón de ser.

Aún así no estaba contenta, daba gracias porque su padre seguía vivo, pero veía que su trabajo no había sido perfecto, las tijeras no eran el mejor instrumento, no sabía como depilar, y desistió ante la desesperación y el desconocimiento de mejor técnica.

Pero pasaron los años, y como toda chica amante de los surferos, empezó a depilarse, primero con cuchilla, pero un buen día, vino su prima la de Tamarindo, y le contó de la existencia de la cera, que sin ser la de las candelas, quitaba todos los pelos.

Maricela era feliz de nuevo, veía una luz en el camino, y ese enigma que le había perseguido toda la vida: ¿Cómo podían no tener ni un pelo las mujeres de las revistas de su primo? Se vio resuelto:

LA CERA CALIENTE.

Ahora no desistiría, empezaría a depilar, a practicar, a estudiar las mejores técnicas y se convertiría en “la mejor depiladora profesional” de todo Costa Rica y parte del extranjero.

Y así fue.

Ahora Maricela depila a todo San José, desde los más humildes a lo más granado de la ciudad. Y cuando digo a todo, me refiere a TODOS Y TODAS en San José.

Empezó con las mujeres, “las piernas” pedían estas, y cuando se descuidaban:
“Zas Zas Zas… pelillos a la mar”

Muchas gritaban de dolor, pero luego al verse en un espejo descubrían partes de su cuerpo que les eran desconocidas.

“Con las alegrías que me has dado y nos conocemos ahora”

Decían algunas frente al espejo, contemplando tan impresionante obra de arte realizada mano a mano entre “Dios Creador” y “Maricela depiladora”

Los hombres de la ciudad la enviaban flores de agradecimiento, bombones y botellas de vino, hasta que sus esposas decidieron mandarles a donde Doña Maricela, ya convertida en Señora entre las Señoras, con el oficio más aplaudido de San José. Primero empezaba por la espalda pero después:

“Zas Zas Zas… Pelillos a la mar”

Los mismos gritos en el sexo opuesto, incluso alguna amenaza, continuado con las correspondientes disculpas, mientras Maricela se reía y bromeaba sobre su diccionario de insultos. Pero lo que más gracia le hacía a Doña Maricela, es cuando la mayoría de sus clientes varones, enrojecidos, le pedían por favor que no tuviera en cuenta el tamaño de su virilidad, pues era consecuencia del dolor padecido. A lo que ella siempre contestaba con su clásico:

“Tranquilo… Ni que me fuera a comer su platanito”

Al final, se marchan contentos, sorprendidos e incluso doloridos, pero todos regresan, hombres y mujeres, contándole sus historias, venturas y desventuras que Doña Maricela les había facilitado tras un poco de dolor.

Y así sigue la Doña, mandando los pelillos a la mar, entre gritos e insultos que le hacen feliz, pues sabe que cuanto más griten, antes volverán.

Al final no se fue a Brasil, sigue en su querido San José, ahora depila con chocolate, y escucha las historias que las jóvenes le cuentan de triunfos con surferos, y agradecimientos de las mayores por el renacer de sus matrimonios. Mientras ella feliz, presume de que no hay brasileña que le haya negado el título de MEJOR DEPILADORA PROFESIONAL, a este lado del Mar Océano.

lunes, 26 de enero de 2009

POR EL ZIMBABUE DE MIS RECUERDOS

Recuerdo aquel avión de AIR ZIMBABWE como si fuera ayer y ya han pasado más de 15 años.

Estábamos sentados en la misma fila Eduardito, el Abuelo y yo, mirando por la ventana, contemplando la sabana africana donde nuestra imaginación nos permitía divisar desde el hogar de los dioses a los elefantes, leopardos, kudus, facocheros y hasta algún gamusino perdido más característicos de los Montes de Toledo.

Esa sabana africana que se extendía bajo una luz cálida, anaranjada y exótica del atardecer...no debía tener mas de 9 años y a pesar de que todo el mundo pensaba que mis padres eran unos irresponsables por llevar al continente “de abajo” a dos niños de 9 y 7 años, y al Abuelo operado del corazón, provisto de cafinitrinas, tirantes de la bandera de España, petaca con Cardenal Mendoza y barba canosa (lo que hacía que mas de una vez lo confundieran con un misionero español), estábamos los tres felices: ¡LLEGABAMOS A ÁFRICA!

Primera vez en aquella mágica tierra, y Zimbabue nos daba la bienvenida ese día en que el Abuelo cumplía 70 años, como nos la volvería a dar durante los siguientes veranos de mi infancia.
Son muchos los recuerdos de aquellas largas jornadas en las que nos tirábamos todo el mes de agosto mi hermano y yo corriendo descalzos, jugando con los hijos del cazador profesional, bañándonos en charcas de agua más negra que el color de sus gentes, rastreando huellas que inventábamos, armados con arcos y tirachinas (hechos por Blue Boy, que un día se fue de cacería a unas ricas tierras para no regresar), y alguna vez la escopeta de perdigones, con lo que pensábamos cazar los BIG 5, y capturar a más de un furtivo ¡con perro incluido!

Aquellos veranos, en los que la Fanta de Naranja era Naranja, el biltong nuestra chuchería, las mujeres cantaban en shona y bailaban mientras esperaban el autobús en una parada en medio de ninguna parte, contábamos historias alrededor del Fire Camp, y escuchábamos animales por la noche, tumbados encima de aquellas montañas de piedras, bajo un cielo plagado de estrellas.
Pasaron los años, y un día en Alcalá, cuando a pesar de mi intensa edad del pavo, empezaba a leer periódicos, vi una foto de un entierro de un blanco de Zimbabue en la que aparecía un amigo nuestro.
“Papá, ¿Qué pasa en Zimbabue? Dicen que están quitando las fincas a los blancos y algunos han muerto por no querer irse”

No entendía nada, ¿Cómo podía haber problemas en El Paraíso? Entonces, empecé a pensar en mis recuerdos, que avivados por las fotos y videos hechos por mi Señora Madre (única que se resistió a los encantos de la caza), me hicieron empezar a ver cosas de las que no era consciente, pero que siempre estuvieron allí:

La foto de Mugabe en todas partes; los coches de la policía eran espectaculares Mercedes; pésimo trato de los blancos a los negros, y revanchas de estos que hacían a mi abuelo padecer sus famosas “Fatigas” y tomase otra cafinitrina, por miedo a perder el avión de regreso, al no dejarnos pasar el control de policía hasta que no lo hicieran todos los zimbabuenses de pasaporte y color; los niños ya no estaban gorditos, como pensaba, estaban panzudos; la muerte de Blue Boy, que enseño a jugar a las damas a mi hermano a cambio de cigarros, y del que nos habían dicho mis padres nunca tocáramos su sangre, era de SIDA; las pastillas que tomábamos después del desayuno para no estar malitos como aquella señora en la entrada de su choza, eran contra el paludismo, la señora tenía malaria, y a diferencia de nosotros, nunca tendría el dinero suficiente para cuidar su salud, el Estado no lo haría por ella, y en Europa o Norteamérica, ¿quien se iba a acordar de buscar solución al problema si ya estaba erradicado?… Bendita Infancia, que te permite contemplar la Crónica de una muerte anunciada sin ser consciente de ello.

Ya no regresé más a Zimbabue, mal menor comparado con las noticias que me llegaban y llegan de aquella tierra donde algunos sitúan LAS MINAS DEL REY SALOMÓN: Hambre, elecciones en las que la democracia brillaba por su ausencia, imposibilidad incluso para diplomáticos de conseguir gasolina, SIDA, desplazados, y ahora COLERA, mientras la mujer de Mugabe, se lía a puñetazos con un fotógrafo al salir de una tienda en su jornada de shopping por Hong Kong.
Mas de 2000 personas han fallecido por Cólera, y la cifra continua subiendo, las autoridades sanitarias se ven desbordadas, al igual que Organismos Internacionales y las pocas ONG´s que aún se les permite la entrada al país, como consecuencia, la situación se va de las manos frente a una crisis que podría ser perfectamente evitable, si no fuera por la pobreza de este RICO país y su falta de agua potable, unida a un nefasto sistema de alcantarillado, si es que existe.

Ante esta situación, la que firma, solo puede contemplar con rabia, tristeza y añoranza, rezar y escribir, esperando noticias traídas por amigos, o escuetas menciones en los medios.

Ójala vuelva pronto, esta vez con el morral y la petaca del Abuelo, Eduardito sin la GAME BOY y barba, Padre con los tirantes heredados de la bandera de España, y Madre con sus cámaras.
Volver… volver al Zimbabue que conocí y recuerdo de cuando era niña.






Amanecer en África.

Atardecer en África

miércoles, 14 de enero de 2009

BIENVENIDA A COSTA RICA, SEÑORITA

Cada país tiene una forma de dar la bienvenida a sus nuevos habitantes. Yo las he tenido de todos los colores, pero sin duda la más movida, me la dio Costa Rica.

No debía llevar ni 3 días en San José, donde hago una pasantía en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuando de repente, mientras comía en “el Balcón” con una tejana que había cambiado la calle 6 de Austin por la Avenida 10 de San José, y otro alemán que intenta adaptar su orden germano al desorden latinoamericano, el volcán Poas se enteró que esta española de tierras cervantinas, se paseaba por sus territorios y empezó su característico “baile de San Vito”.

Yo que no me había visto en una igual, me dirigí a mis amigos que parecían tranquilos:

“¿no deberíamos salir a la calle?”.

Ante su negativa miré dentro de la casa que hacía las veces de restaurante bueno, bonito y muy barato, viendo que excepto una señora que estaba presa del pánico, ahí nadie se movía, y esperaban a que al Poas se le calmaran las tripas, para seguir comiendo, o si empeoraba salir a descubierto.

“Allá donde fueras haz lo que vieras…. ¿¡Aunque cueste la vida!?”.

De pronto, terminó, aunque habría más de 250 réplicas durante todo el día, lo que me haría estar más mareada que cuando montaba en barco para ir a Menorca de pequeña. Se acercó el dueño preguntando si estábamos bien.

“¡Es mi primer terremoto!”

Le dije con cierta alegría, mientras él entre risas, me daba una palmadita en la espalda y contestó:

“Pues bienvenida a Costa Rica, Señorita, y tranquila que el meneo no se lo cobro”.

No fue hasta el día siguiente al ver el telediario de TVE Internacional, cuando después de mostrar una España blanca por las nieves de Siberia, hicieron una breve mención al terremoto, y sorprendida me enteré de que lo que para mi había sido un meneo, a 20 km de San José, había causado muertes, desapariciones, cortes de carreteras y comunidades incomunicadas.

Es triste ver como el ser humano es capaz de acostumbrarse a las desgracias que por desdicha le suceden o ve de forma repetida en el tiempo. Al igual que en España, cuando los desalmados indeseables de ETA ponen una bomba, la primera pregunta que hacemos todos es si ha habido algún muerto o herido, y si la respuesta es negativa, con un “¡hijos de p&%=**!” continuamos nuestra vida. Aquí en Costa Rica, los terremotos son su rutina, y cuando suceden, parece ser que tan solo esperan a que pase para seguir con la comida. Supongo que tal indiferencia que todo ser humano siente, aunque sea de forma inconsciente ante sus “características” desgracias, es una vacuna contra la desesperación, angustia e ira que nos produciría procesar, y analizar todas y cada una de las injusticias que vemos. Todo sea por acercarnos a la felicidad… Lo que no estoy tan segura es de si esa indiferencia es “sana” para la salud de la humanidad.

Continuando con el relato de mi bienvenida a este bello país. Me veo yo de viaje a Puerto Viejo, en el Caribe, donde vive mi tía que vino, conoció a un apuesto Bob Marley “tico”, que le dijo que volvería y se casarían. Así fue, y desde hace 25 años viven en uno de los sitios más bellos que la Tierra tiene en este lado del Mar Océano.

A la vuelta a San José el domingo, después de un relajante “primer fin de semana” en Costa Rica, un control de policía paró el autobús en medio de la selva, para mandarnos bajar con la documentación.

Aparentemente, no pasaría nada, pero yo, que puedo presumir de ser una “honesta ciudadana española” (de momento), que mantiene buenas relaciones con la policía, la benemérita y paracaidistas de la BRIPAC alcalaína, es salir de las tierras del reino, y tener problemas con todos los cuerpos y fuerzas de seguridad de los Estados que visito. Y Costa Rica, no iba a ser una excepción. NO TENÍA PASAPORTE.

“¡Parezco nueva!”. Había dejado el valioso documento en la Corte, ya que estaban tramitando el visado diplomático, lo cual cuando me lo dijeron di gracias a Dios, pues me conozco, y conozco mi suerte y mis tortuosas relaciones con el Señor Murphy, el cual debió hacer su ley pensando en mí. Pero hasta que me lo devolvieran con ese VISADO, que valdrá más que todo el oro del Perú (que según me dice una muy buena amiga de Lima, nos lo llevamos para la Madre Patria). Pues hasta entonces me movía con una fotocopia sucia y rota sellada por la Corte, bajo recomendado aviso de NO VIAJAR ya que podría terminar retenida en cualquier control de policía.

Pues ahí estoy, ¡chula de Madrid!, en una carretera perdida de la mano de Dios, en medio de la selva costarricense, con una fotocopia casi más sucia que yo y el DNI. Eso y nada es lo mismo.

Lo bueno que tiene meterse en líos, es que una tiene que aprender a salir de ellos. Me solté la coleta y me planté delante del agente, con una sonrisa seductora y el “very important” contacto visual:

“Buenas tardes, me llamo Blanca Lalanda de ESPAÑA, estoy trabajando en la Corte Interamericana de DERECHOS HUMANOS, y lamentablemente, mire usted, no tengo mi pasaporte porque estoy esperando que me den el visado diplomático, pero me aseguraron que con esto (mostrándole la destrozada fotocopia con el sello y el DNI) no tendría ningún problema”.
Quien me habría mandado a mí viajar y no quedarme en San José ¡tan sólo por un fin de semana!… No puedo luchar contra natura, y los genes de la trotamundos de mi Señora Abuela vienen en line directa con más fuerza que el CID.

“Mire usted señorita, no va a poder continuar el viaje, tendrá que quedarse retenida aquí con nosotros, hasta que llegue su pasaporte con el sello de entrada en el país.”

En ese momento me acordé de que mi regreso a la civilización era un par de horas antes de lo que me hubiera gustado porque debía conectarme a internet, para poder enviar un ensayo del máster en Derecho Internacional Humanitario que estoy realizando online. Con todo el jaleo de terminar la carrera, trabajar los últimos días en UNICEF-Madrid en plena campaña de Navidad y mudarme a Costa Rica, no había estado muy centrada, por lo que NECESITABA enviar el ensayo antes de las 12 de la noche (siempre para el último momento), si no quería un 0 en la evaluación. Como dice el Señor Murphy:

“Si las cosas pueden ir mal, tranquilo que irán peor”

Así que tenía que echar un órdago a grande, a chica, a pares y a juego. Saqué la mejor de mis sonrisas, con la que había conseguido meter en el Caffe Citrön de Washington a 10 ingenieros sin hacer cola. Puse mis ojitos tiernos…. ¡Suerte y al toro!

“Pero, eso no es un problema, ya se lo digo yo, llegué hace una semana”.

“¿Y cómo sé que me puedo fiar de usted?”

“Bueno…. Trabajando en Derechos Humanos (señalando el sello con delicadeza) muy mala no tengo que ser…”

No sé qué pensó el policía, y prefiero no imaginarlo, gracias a Dios su padre nunca le dijo que no debía fiarse de las mujeres. Con una sonrisa bastante pícara, me devolvió mi “documentación” y se despidió de mí:

“BIENVENIDA A COSTA RICA SEÑORITA”.