sábado, 29 de octubre de 2011

Un machete, Margarita y dos denuncias.


Ya habían estado allí, es un sitio diferente a cualquier otro conocido, en el que solamente los lugareños pueden vivir en él eternamente sin volverse locos. Hay quien lo bautiza como Paraíso, y la verdad es que se parece bastante, pero supongo que la naturaleza humana, humana-civilizada, por raro que parezca, no está preparada para pasar allí demasiado tiempo.
Algunos lo intenta, aterrizan en esa tierra de playas vírgenes, palmeras y monos, predican a los cuatro vientos la pura vida del lugar, lo inhabitable que es el mal calificado como primer mundo, y deciden fumarse aquello que las plantas les ofrecen, quemarse al sol, sin ser conscientes que en unos años solicitarán como Derecho propio la cama de hospital en aquel renegado primer mundo donde esperarán curarse de los males adquiridos en esa vida “natural”, que no era la suya, y que les llevó a donde ahora pasarán los últimos años de su vida, encontrando una muerte prematura por no haber usado la cabeza cuando la tenían antes de perderla.
Pero esa tierra tan bella, exótica y tropical tiene sus maravillas y milagros pues es el lugar perfecto para procrear, la fecundidad del lugar penetra en los cuerpos que en ella se aman y da vida a unos niños multicolores, sanos y fuertes, afortunados por pasar sus primeros años en un lugar tan bello, que tarde o temprano deberán abandonar.
Ahí es donde sitúo esta historia. Ese era el lugar al que decidieron regresar para volver a encontrase después de dos años. No había otro mejor ni peor, era ese, y ellas ya no éramos las mismas, eran mejores.
Fueron las infantas las que llegaron primero a esas costas bañadas por el mar Caribe, ocupando su tiempo en lecturas, bicicletas, soles y baños. Siempre buscando lugares deshabitados donde crear "su reino”, y así llegaron a esa curva de la playa, fuera del alcance de la vista humana, abrieron sus libros, cuando apareció de la selva un hombre con botas de agua, un machete oxidado y una máscara terrorífica como Hannibal Lecter en El Silencio de los corderos: “¡Dios que horror! ¿Se puede saber que piensa robándonos con esa máscara? Seguro que tengo pesadillas…”
Se levantaron de un brinco en el que a una se le cayó medio bikini, el mediocre imitador del Señor Lecter jamás se vio en una igual: “Que frescas son estas gringas!” debió pensar mientras escondía una sonrisa maliciosa bajo la máscara y hacía la petición en inglés:
“Good morning Ladies! Money Money!”
“Good morning Ladies??? ¿Pero usted quien se ha creído que somos ¡gringas!? Pues no le entendemos, a nosotras en español que es lo que se habla aquí”
Ante la locura de las atracadas (recordad lo que decía al principio de esta tierra, que vuelve loco a cualquiera) el hombre optó por agarrar el bolso y salir corriendo, sin plantearse ningún roce carnal con aquella pareja de infantas, raras y locas, pues durante el atraco una había optado por enseñarle un pecho y recriminarle por el uso del inglés (no entendía nada, ¿no es materia obligatoria en la escuela?), mientras la otra le hacía caso omiso ocupada en terminar la lectura en la que estaba inmersa.
“¡Así no se puede trabajar!” Se dio media vuelta y desapareció en la selva.
Una vez que la infanta lectora terminó su libro, fueron a la comisaría del pueblo mas cercano, sabían que no recuperarían lo robado, pero tampoco tenían nada mejor que hacer. Una caseta con vistas al mar, dos policías sentados en sendas mecedoras, y un tercero intentando calmar a un gringo (este de verdad) que gritaba mientras se clavaba un machete en el cuello, eso es lo que encontraron.
“¡Le mato! ¡Le mato! A Margarita le mato”. Era un norteamericano, aquel que amenazaba con el asesinato. Unos cincuenta años, con la piel llena de tatuajes quemada por el sol, y pendientes en los lugares menos recomendables. Uno de aquellos que por quedarse en el Paraíso, creyéndolo propio, habían perdido la cabeza y algunos dientes, todo sea dicho.
El policía, calmado con su buena vida le intentaba tranquilizar: “Pero a ver, si Margarita se le acerca, aléjese ¿no es consciente que esa negra no le hará bien?”.
“¡¡¡Pero es ella quien tiene la orden de alejamiento!!! Not me, ¿por qué debo alejarme? ¡¡¡LE mato!!! Le juro que le mato, ¡she is drivingme crazy!”.
El policía, viendo la oportunidad de librarse de esa loca que atormentaba al pueblo incitó al pobre loco al crimen: “mire usted, si mata a Margarita le caerán 20 años, sinceramente, no me parece mucho teniendo en cuenta que todos nos quedaríamos en paz sin ella, así que hágalo, yo me encargo del papeleo”
En ese momento en el que estaban las infantas inmersas en los acontecimientos, les llamó otro policía para escribir la denuncia. Ya podría haberse esperado, pues nada conseguirian con ella y se quedaron sin saber el desenlace de la historia de Margarita.
Así que ahí estaban, intentando poner una denuncia que tuvieron que repetir, pues cuando finalizó de escribir, les preguntó que estudiaban contestando las dos al unísono: “No estudiamos. Somos además de infantas, abogadas”.
El policía arrancó la hoja que tiró a la basura mientras empezaba de cero: “¡Uy! ¡Que pena! Disculpen ustedes, entonces lo haremos otra vez, y bien, ya que ustedes de esto saben.”
Y con esas se fueron: dos infantas, dos bicicletas y dos denuncias, pues no consiguieron ponerse de acuerdo con el color de la camiseta del ratero; en una el ladrón la tenía roja, en la otra azul. No hace falta decir que no recuperaron nada, que recriminaron la poca valía de el cinturón negro de una, y que hay quien inmersa en la locura de llevar mas de 30 años en esa tierra juró, que si a ella le pasara, daría la vida por lo robado.
Ellas optaron por quedarse con sus vidas aún a falta de sus pertenencias, no merece la pena perderlas, ya que en tal caso, con ellas se irían todas esas situaciones rocambolescas que tanto divierten a infantas y plebeyos, además… uno nunca sabe lo que le espera, hay que seguir vivo y cuerdo para disfrutar de ello. Mientras tanto, a vivir la espera, que como dice el regalo que me hizo un amigo:
"THE IDEA OF WAITING FOR SOMETHING MAKES IT MORE EXCITING!"

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