jueves, 30 de julio de 2009

ERASMUS: MEJOR INVENTO DE LA UE

La primera vez que me sentí Europea, fue un 15 de Septiembre en Méjico, concretamente en Manzanillo, celebrando EL GRITO, su independencia.

Estaba yo en la fiesta, única española, con la cabeza bien alta, y aceptando el pésame por mi pérdida de todos los allí presentes, que aunque nadie lamentaba debo reconocer que fueron muy educados. Cuando me presentaron a un inglés y al saber que éramos los dos del “Viejo Continente” nos saludamos con efusividad por la coincidencia de dos europeos en medio de tanto tequila. ¡Con un inglés! Atrás quedaron los recuerdos de El Peñón.

Y es que el Erasmus ha hecho mucho bien en Europa. ¿Se acuerdan de Alfredo Landa cuando en esas películas en blanco y negro soñaba con las primeras suecas que pisaban nuestras costas? Pues hoy en día habría hecho sus sueños realidad ¿Qué no se lo creen? No se preocupen que yo se lo explico.


Imagínense, fiesta Erasmus en Bruselas, por elegir un lugar europeo cien por cien europeo. Como no, en el apartamento que comparten un español y un italiano, que es bien sabido por todos los Erasmus que siempre terminamos juntos, y al no haber dos sin tres, también vivían con... un ruso, por ejemplo. Antes de la fiesta se habían repartido las tareas: el italiano que se llama Silvio Berlusconi, ponía las chicas, el ruso, Vladimir Putin, las camas y el español, que es nuestro querido Alfredo Landa hacía la sangría y ponía una pegatina junto al timbre del telefonillo de la calle donde se leía:

FIESTA "ORGASMUS" 4ºB.


Iban llegando las chicas más guapas de todos los lugares de Europa, algunas un poco golfillas (toda la comunidad Erasmus de Bruselas conocía los gustos de Silvio), pero había de todo, destacando la belleza de una sueca, rubia que se llamaba Ingrid Bergman. La pobre Ingrid que acababa de salir de un examen quería celebrarlo por todo lo alto así que comenzó vasito a vasito con la sangría de Alfredo.

Se pueden imaginar cómo terminó, si es que ya se sabe con las niñas bien en los Erasmus... al principio (solo al principio) no controlan mucho con el alcohol, y claro, mientras su estado etílico era aceptable, Silvio le hacía mucho caso, pero cuando pasó de aceptable a deplorable, fue Alfredo que como dice la canción era feo, fuerte y formal, quien se encargó de ella, la bajó de la mesa donde no dejaba de gritar “tócala otra vez Sam” a un estudiante llegado del antiguo Congo Belga que levantaba pasiones entre las chicas, la sujetó la cabeza en el baño, la llevó a su casa bajo la lluvia, pues temía que como la metiera en un taxi le pediría al taxista que la llevara a la estación de tren porque según ella quería coger el ORIENT EXPRESS.

Un espectáculo la noche que le dio a Alfredito, pero ya sabemos cómo es el amor a la española y los caballeros andantes al sur de los Pirineos.

Dos días después, cuando Ingrid se recuperó de la resaca de la sangría ¿a quién creen que llamo? Pues a su compañero de la clase de Arte Dramático para darle las gracias y disculparse. Nuestro futuro gasolinero le haría reír diciendo que sólo creía en “Dios, en Franco y en Don Santiago Bernabéu”, conquistándola hasta que terminase el Erasmus.

Y es que, señores, somos Europeos, aunque hace unos días en el aeropuerto de Estocolmo donde la gente me sacaba varias cabezas y era (siguiendo estereotipos) de dos colores: rojos o blancos, dependiendo de si habían ido a Mallorca o estaban a punto de ir, me seguía preguntando en que nos parecemos.
Pero al llegar a Helsinki donde me encontré con mis amigas del Erasmus en Florencia, una francesa, una finlandesa y las española que firma, me di cuenta que si hay algo común a todas, no sabría como explicárselo, es un sentimiento, un pasado juntas durante un año en el que fuimos familia. Supongo que es lo que hace el Erasmus, te obliga a querer a las gentes de países con los que las relaciones a lo largo de la historia han sido buenas, malas y peores.
Existe una diferencia cultural obvia, hablamos diferentes idiomas pero nos podemos entender todas en dos o tres, están los Beatles y ... la verdad es que no nos parecemos tanto, es cierto que cada una tiene sus gustos, Rioja, Champagne o Vodka, pero somos felices si los intercambiamos, compartimos preocupaciones y objetivos, estamos abiertos a costumbres como la de meterse en una habitación a 80 grados, y cuando uno no puede más baja corriendo una colina en medio del bosque unos 5 minutos, en bañador, con la rasca característica del verano nórdico, hasta llegar al lago de aguas un tanto frías y saltar. De locos. Pero si lo hacen los finlandeses los españoles también podemos… ¿No somos todos Europeos?.

Y una vez en el agua, nadando mientras se escucha el silencio, bajo ese cielo que hace que las puestas de sol y el alba sean eternos, dos momentos mágicos del día que en las tierras cálidas del Sur de España son breves, allí duran horas, prolongando la magia.

Y así, pasando frío, bebiendo vodka y cantando los Beatles, uno se da cuenta que esas amigas que hizo hace años son parte de ti, mas altas, mas rubias y con los ojos mas azules, pero sin ellas sabes que serias diferente.

Eso es lo que hace el Erasmus, crea un sentimiento de unidad entre todos aquellos que viven unos meses en una ciudad que no es la suya, aprendiendo un idioma que hasta entonces desconocían, y con personas de diferentes nacionalidades que van a estar a tu lado, que van a ser tu familia durante ese tiempo, y a los que vas a terminar queriendo, así se crea Europa.

¿Y quién sabe? Teniendo en cuenta que lo mejor y lo peor de cada casa se va de Erasmus, puede que tu compañero de piso termine siendo presidente de algún país, actor, espía o cómico. Pero para eso, habrá que esperar unos años, que la generación Erasmus, aunque lleva tiempo, acaba de despegar.
Europa. España. Ancha es Castilla.


Europa. Italia. Florencia, mi Erasmus.



Europa. Finlandia. Puesta de sol en un lago. Duración: 2 horas aprox.

No hay comentarios:

Publicar un comentario