miércoles, 18 de febrero de 2009

El NICARAGüENSE DE LOS JUGOS

Como todos los días, a media mañana, un par de pasantes de la Corte recogen los reglamentarios 300 colones de quien quiera un zumo, o como dicen aquí, jugo de naranja. Bajan con una cubitera a la calle, y allí está “el nicaragüense de los jugos” esperando con un carrito repleto de naranjas y un exprimidor al que llama “chupa tintas”, por alguna razón que prefiero ignorar.

Le dicen cuantos jugos quieren, el exprime sus frutas, rellena la cubitera, aclaran cuentas para tener negocios largos y se van a la Corte a repartir los jugos entre los que pagaron, siempre aprovechando que quien parte y reparte, se lleva la mejor parte. Y así todos los días, cada vez dos pasante diferente.

Yo como buena mujer, me encanta el arte de curiosear, que otros llaman cotillear, así que el día que me tocaba baje con la cubitera y mi inseparable compañero alemán, víctimas ambos de una broma o experimento, según quiera verse, que se está llevando en la Corte Interamericana de juntar al más alemán de los alemanés y a la más española de las españolas en menos de 2 metros cuadrados por 4 meses. Veamos que resulta… pero eso será otra historia.

Así que ahí estábamos el nicaragüense de los jugos, el alemán organizado y la española curiosa en la entrada de la Corte.

“¡Esto parece un chiste! Sé como ha llegado el alemán y como he llegado yo a este lugar, pero ¿usted?”



Y esta es la historia que me contó:

Él vivía en Matagalpa, rodeado de cafetales, y un buen día, le escribió un amigo suyo que vivía en Costa Rica, comentándole que pronto volvería a tierras matagalpinas, pues no tenía los papeles en regla. Estaba contento por regresar a su hogar, lo único que le daba pena era dejar su exprimidor “chupa tintas” y el carrito de las naranjas, a los que tanto cariño le había cogido.

Nuestro nicaragüense de los jugos, pensó que era una buena oportunidad para ver mundo, tenía pasaporte y visa para un sueño, así que le comunicó a su compatriota que iría a Costa Rica, y se haría cargo del carrito y de “chupa tintas”.

Así hicieron, con tan mala suerte de que al mismo tiempo que llegaba a San José, lo hizo una extraña plaga que acabaría con todas las Naranjas costarricenses.

Era un gran problema aquel, pues los niños empezaron a padecer la carencia de la Vitamina C. Las autoridades no sabían que hacer ante tanto niño sin Vitaminas. La comunidad internacional no tardó en ofrecer ayuda, a través de muchas embajadas que se ponían a disposición de Costa Rica a la espera de que especificaran aquello que necesitaran.

Cuando se enteró la mujer del Embajador de España, a la que todo el mundo llamaba Embajadora Doña Lola, pues como toda mujer, era quien llevaba los pantalones, tanto en la casa y como en la Embajada, puso el grito en el cielo.

“Don Manolo. ¡esto no puede ser!”
Le dijo al Embajador de España, al que trataba de usted, pues eran una pareja de avanzada edad, y educación arcaicas.


“Ahora mismo está usted llamando a Su Alteza, y que mande directito para Limón el Portaaviones Príncipe de Asturias lleno de Naranjas de Valencia. Que para algo he sido Fallera Mayor y somos de la Madre Patria. ¡Hay que hacer algo!”

“Pero Doña Lola, mire usted, esto no va a ser posible, el Príncipe de Asturias ahora esta navegando por el Mediterráneo Oriental y…”


“¡Don Manolo! ¡Las Naranjas para los niños!”



Curiosa pareja esta de Embajadores, ambos eran de Valencia, con costumbres muy marcadas que intentaban implantar en el país, como la de la paella de los domingos y los petardos en época de Fallas, a los que por muchos que tirasen, nunca se había llegado a acostumbrar el vecindario de ricos e ilustres donde tenían la Residencia Oficial, por lo que la Embajadora Doña Lola, solía mudarse por esas fechas a una casita cerca de la Calle de la Amargura, donde se sentía libre de tirar todos los petardos que quería sabiendo que el ruido no sería un problema.

Así que el Embajador Don Manolo, como buen calzonazos, pidió a Su Alteza, que trajera el Príncipe de Asturias lleno de Naranjas de Valencia para los Niños de San José, a lo que el monarca no se negó pues sabía como se las traía Doña Lola.

Esta era la situación en Costa Rica, esperando las Naranjas, cuando nuestro nicaragüense se despertó una mañana y contempló como en la entrada de su casa había miles y miles de Naranjas en cajas donde se leía:

SAN CARLOS LE REGALA VITAMINA C PARA LOS NIÑOS DE SAN JOSÉ.

El matagalpino no entendía nada, pues a San Carlos también había llegado la plaga, pero eso no importaba. Llamó a las Autoridades Sanitarias, les dijo que tenía miles y miles de Naranjas, que las llevaran al hospital Calderón de la Guardia, y que él con su carrito y su exprimidor “chupa tintas” estaría allí haciendo jugos hasta que todos los niños tuvieran la suficiente Vitamina C, como para un año.

Se lo comunicaron a Doña Lola, la cual contenta, ordenó a su marido que escribiera a la Zarzuela para que regresara el Príncipe de Asturias y después hizo una gran paella para celebrarlo y tiró unos cuantos petardos.

Y nuestro Nicaragüense feliz empezó a trabajar de lo que quería cuando llegó a Costa Rica, haciéndose muy conocido gracias a sus jugos, ya que esas Naranjas que aparecían todas las mañanas en su casa, en cajas de San Carlos eran mano de santo y curaban todos los males provocados por amor, intelecto o alcohol.

Un buen martes, después del típico Lunes de Cuartel, me contó que iba por la calle a 100 metros Sur del Spoon de los Yoses, cuando le paro un chileno y un gringo, pidiéndole jugos para combatir la resaca que sufrían. Tan ricos estaban y tanto bien les hicieron, que le rogaron que todos los días después de pasar por el Hospital de Calderón de la Guardia, fuera por la Corte.

Y fue a la Corte. Y han pasado varios años y ahí le tenemos todos los días a media mañana, con esas naranjas que nos dan la vida después de un fin de semana de jarana, un Lunes de Cuartel, un Martes de Vyrus, un Miércoles de Chicha y un Jueves de Jazz Café.

Lo prometido es deuda. Aquí tiene su relato que como le advertí es poco fiel a la realidad, salvo por algunos detalles que nadie puede cambiar. Espero lo haya disfrutado tanto como nosotros disfrutamos de sus juguitos.

1 comentario:

  1. pues el relato es casi mitico, pero contado por ti es super ameno, quiero más historias!

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