martes, 10 de febrero de 2009

DOÑA MARICELA Y SUS PELILLOS A LA MAR


Como es tradición entre los que vivimos de una u otra manera en San José, los fines de semana aprovechamos para hacer alguna excursión, casi siempre a las playas del Pacífico o Caribe para relajarnos, tostarnos al sol, salir de fiesta, y contemplar una especie autóctona de la cota tica, caracterizada por su escultura, fuerza y bronceado: LOS SURFEROS.

Como no, esta actividad de fin de semana y fiestas de guardar, precisa nuestra mejor presencia. Para ello, toda mujer nueva en un lugar, realiza antes más que tarde la misma pregunta:

“¿Dónde puedo depilarme?”

La respuesta suele ser sencilla,” aquí o allá”, pero en el ambiente en que me muevo de gente seria, decente y respetable, la pregunta trae carcajada cuando te envían donde Doña Maricela.

Entre risas, me explican que es la mejor en este lado del Mar Océano, y que ni las brasileñas han visto cosa igual, tal es la vocación de la Señora, que es preciso tener cuidado, pues a la que una se descuida, no deja pelo alguno del cuello a los pies, y entre risas chistes y alguna anécdota me contaron la mas graciosa historia de una “depiladora profesional” jamás contada:

Maricela era una niña normal y feliz, de una familia como las demás, formada por un padre respetuoso, una madre como ninguna y un hermano con las rodillas llenas de heridas, y chichones en la cabeza.

Maricela en su calidad de “niña normal y feliz”, llevaba lazos rojos, jugaba a las muñecas, a las cocinitas y se pegaba con su hermano cuando este tiraba de las coletas con tirabuzones.

Pero había algo que la hacía diferente y que de momento nadie sabía, era su obsesión por los pelos. Contemplaba la serie de BAYWATCH, asombrada de la depilación perfecta de aquellas mujeres, y cuando iba a casa de su primo el de Palmares, se metía en su cuarto a escondidas, levantaba el colchón, y contemplaba como aquellas bellas mujeres de las revistas no tenían ni un pelo.

Así que un buen día de agosto tras un cocido madrileño que había cocinado su abuela española de los Montes de Toledo, decidió comenzar con su formación, y mientras su señor padre, del que habíamos dicho era muy respetuoso, dormía la siesta boca abajo, y sin la camisa, se metió en el cuarto con unas tijeras y cortó todos los pelos de su espalda, con tan mala suerte que al entrar su madre, que habíamos dicho era como ninguna, en el cuarto y verla encima de su padre con el moquillo que le caía entre ronquidos, y ella tijeras en mano, soltó un grito que se escuchó hasta en Panamá, pensando que la niña había perdido el juicio. El padre se despertó, pegando un brinco y clavándose las tijeras de la cocina en la espalda precisando 10 puntos que le daría el veterinario del vecino.

Menos mal que los pelos que había por toda la cama le sirvieron a la pequeña Maricela de cuartada para evitar el castigo de un mes comiendo Casados para desayunar, comer y cenar, cuando confesó su intención de terminar con el sufrimiento de su madre ante el peludo de su padre, ya que para ella eso de EL HOMBRE Y EL OSO CUANTO MAS PELUDO MAS HERMOSO, no tenía razón de ser.

Aún así no estaba contenta, daba gracias porque su padre seguía vivo, pero veía que su trabajo no había sido perfecto, las tijeras no eran el mejor instrumento, no sabía como depilar, y desistió ante la desesperación y el desconocimiento de mejor técnica.

Pero pasaron los años, y como toda chica amante de los surferos, empezó a depilarse, primero con cuchilla, pero un buen día, vino su prima la de Tamarindo, y le contó de la existencia de la cera, que sin ser la de las candelas, quitaba todos los pelos.

Maricela era feliz de nuevo, veía una luz en el camino, y ese enigma que le había perseguido toda la vida: ¿Cómo podían no tener ni un pelo las mujeres de las revistas de su primo? Se vio resuelto:

LA CERA CALIENTE.

Ahora no desistiría, empezaría a depilar, a practicar, a estudiar las mejores técnicas y se convertiría en “la mejor depiladora profesional” de todo Costa Rica y parte del extranjero.

Y así fue.

Ahora Maricela depila a todo San José, desde los más humildes a lo más granado de la ciudad. Y cuando digo a todo, me refiere a TODOS Y TODAS en San José.

Empezó con las mujeres, “las piernas” pedían estas, y cuando se descuidaban:
“Zas Zas Zas… pelillos a la mar”

Muchas gritaban de dolor, pero luego al verse en un espejo descubrían partes de su cuerpo que les eran desconocidas.

“Con las alegrías que me has dado y nos conocemos ahora”

Decían algunas frente al espejo, contemplando tan impresionante obra de arte realizada mano a mano entre “Dios Creador” y “Maricela depiladora”

Los hombres de la ciudad la enviaban flores de agradecimiento, bombones y botellas de vino, hasta que sus esposas decidieron mandarles a donde Doña Maricela, ya convertida en Señora entre las Señoras, con el oficio más aplaudido de San José. Primero empezaba por la espalda pero después:

“Zas Zas Zas… Pelillos a la mar”

Los mismos gritos en el sexo opuesto, incluso alguna amenaza, continuado con las correspondientes disculpas, mientras Maricela se reía y bromeaba sobre su diccionario de insultos. Pero lo que más gracia le hacía a Doña Maricela, es cuando la mayoría de sus clientes varones, enrojecidos, le pedían por favor que no tuviera en cuenta el tamaño de su virilidad, pues era consecuencia del dolor padecido. A lo que ella siempre contestaba con su clásico:

“Tranquilo… Ni que me fuera a comer su platanito”

Al final, se marchan contentos, sorprendidos e incluso doloridos, pero todos regresan, hombres y mujeres, contándole sus historias, venturas y desventuras que Doña Maricela les había facilitado tras un poco de dolor.

Y así sigue la Doña, mandando los pelillos a la mar, entre gritos e insultos que le hacen feliz, pues sabe que cuanto más griten, antes volverán.

Al final no se fue a Brasil, sigue en su querido San José, ahora depila con chocolate, y escucha las historias que las jóvenes le cuentan de triunfos con surferos, y agradecimientos de las mayores por el renacer de sus matrimonios. Mientras ella feliz, presume de que no hay brasileña que le haya negado el título de MEJOR DEPILADORA PROFESIONAL, a este lado del Mar Océano.

2 comentarios:

  1. ¡La intrahistoria costarricense de mano de la Srta. Lalanda! Jajaja. Un beso muy fuerte, guapa. ;)

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  2. es verdad ella es la mejor,y no solo depiando! es una heroina del dia a dia! se cae y se levanta y ademas de depilar como nadie sabe aliviar el dolor !haciendote sonrreir! yo lo se mejor que nadie, porque es mi famosa hermana...
    gaby

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